porque la mente de él contenía su pensamiento.
Cuaderno de sentimientos diabólicos
varios, propios y ajenos,
en este constante pedalear por la vida...
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27 mar 2013
27 oct 2011
¿Qué le sucede a Ulises?*
Anoche, otra charla interesante con Ulises: intercambios de dudas y posibles explicaciones, derrapando en terrenos inexplorados de nuestras conciencias. La última pregunta no salió de mi boca: ¿qué le pasa a Ulises, que me pidió un libro de ciencia a cambio de 2 de poesía?... Un tanto peor: ¿qué le estará pasando a mi vida, que acepté el trato?
* Jueves 22 de julio de 2010. 2:38 hrs.
10 oct 2011
Esperar
Amanecí triste. No haciendo dramas, por supuesto... todo a mi alrededor está alegre, apacible, tranquilo. Pero me siento triste (tristito, tristillo, tristín), defraudado por dos 'amigos' (ésa, la razón). No tomarse nada a pecho, en ambos casos: nada es personal. Ésta es la parte fea de esperar algo de los demás. "Bienaventurados los que no esperan nada, porque nunca serán defraudados", se dice por ahí como canción ranchera: de manera repetida... Yo también habré cometido errores (moderado uno debe ser al esperar, limitada la parte de uno que se debe mostrar). Pero, finalmente, conmigo estoy en paz.
18 jun 2011
El Piano y la Matemática
"Please don’t shoot the piano player. He is doing his best.”
Desde inicios de la carrera (la carrera de resistencia que estudiamos) escuché los rumores de que la Música y la Matemática son especímenes amigables, uno con el otro, que pueden hallarse con frecuencia en los cerebros de la gente del gremio. Tomé conciencia de su certeza cuando lo leí en el bello librito De aquí al infinito, recuerdo en simbiosis con los primeros encuentros en Lógica con Él, que además de matemático es pianista, en quien esta combinación es tangible, esa alma grande que me honró con el reclamo de no tener una nota para sí en este cuaderno.
Como ordenando notas en una caja grande, me he puesto a enumerar lo que me ha dejado. En el fondo encontré sus llamadas a resolver los problemas juntos (una disposición difícil de encontrar entre el egoísmo de la mayoría de los compañeros), el bueno humor, la observación de su propia persona, llamaron mi atención. Ni qué decir de las múltiples facetas de su vida que me dejó ver al volvernos amigos, los cafés, el tabaco menguante en sus pulmones, los días de lluvia en su salón de clase en la sala Ollín Yolliztli, el primer concierto que le escuché ('cosita de nada', ¡Beethoven! en el Centro Nacional de las Artes) cuando su graduación de piano, el sufrir con el tema de tesis en números que yo también padecí...
Puse pinzas a los recuerdos de cada ámbito: los parecidos juntos, los coloridos por otro, las fotografías en una caja aparte. Me puse a contemplar lo que su amistad ha significado para mi vida, lo mucho que me ha dejado aprender de su persona con tan sólo observarle y abrirle bien mis oídos... y me empezó a doler la despedida. La palabra 'abandono' no me gusta aquí, es mejor decir 'lejanía'. Porque, vaya, aprender a tocar el piano con él también hubiese sido memorable.
Luego, el terreno común entre él y yo de los amores frustrados, de las mujeres que no le valoran. Las pláticas que más disfruté y por las que más le recuerdo... el café que hace semanas tenemos pendiente sobre un tema que ambos aún no comprendemos. Es por ello que, al traer en mente tanto tiempo la mejor forma de escribirle este texto, recordé la anécdota de Wilde cuando visitó una cantina en Estados Unidos, donde alguien había puesto el letrero "Favor de no disparar sobre el pianista" a los vaqueros que ignorantes, poco sensibles, faltos de entendimiento y con pistola en mano, maltrataban al que dilucidaba la música desde sus manos posadas sobre el marfil. Los vaqueros, al igual que aquéllas mujeres de nuestras conversaciones, con muchas espinas.
(Pero, ¿sabes?, lo anterior es comprensible, ello me alegra, porque tú, como todas las almas grandes, estás lejos de la mayoría, conoces de ti lo que la mayor parte de personas ignora de sí misma... y la gente le teme a lo desconocido.)
Fotografía de Jana Dozal.
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8 jun 2011
Muñeca rusa

Por fuera uno advierte a la muñeca. Dentro de ella, una aflicción, llenándole los huesos la desesperación, una maldita idea, una irrefutable decisión. Dentro de aquella playera amarilla, con la inscripción "Facultad de Filosofía y Letras", él, tranquilo, fuerte, mar en calma, noble, transparente. En la aflicción de ella, su corazón, amordazado, atado a la silla de la desesperanza, despojo de toda idea feliz. Él había decidido regresar, el fluido del tiempo entre manos se pierde, se hacía tarde. Ella, lágrimas en los ojos, mojándosele el corazón, dejó tras de sí a su inconcebible soledad y cerró la puerta de casa. El viento de la tarde los contenía a los dos.
Dentro de su mente, unos días atrás, filosofía para ella: papeles, libros, notas, seminarios, otra vez libros... Desde hacía días, necesidad de conocimiento para su vida, de respuestas en las inquietudes de él que lo llevaron a visitar de nuevo la Universidad. Luego, dentro de la Facultad, uno frente a otro, sin advertirse, sin contemplarse, objeto inanimado uno del otro, una forma más en esta enorme ciudad en que la gente, como los animales y las cosas, no hablan.
Cada uno bañándose en aguas distintas (Heráclito) en distintos ríos. Hasta ayer: fin de todo anhelo, después del arrastrado día, del desgraciado suceso, líquido fétido y viscoso en que ella se retorcía. Hasta ayer, desgraciada la noche con todo y su "mejor mitad de la vida"*, maldita sea la luz (sea de Luna, sea de Sol), ¡desgraciado tú! repetía. Hasta ayer.
Calle abajo, tras cerrar la puerta, contempló la visceral idea. Le olió, le sopesó en las manos, le probó, pensó en sus consecuencias... y para llevarla a cabo, ¿es la estación de metro un buen lugar?, se decía ella... y al decidir que no al tiempo de la llegada del tren, abordó el vagón por una entrada. Él, por por la otra. Ella parada, lágrimas secas, odio solidificado en el fondo del pecho, en un extremo. Él, sentado, mar en calma, tranquilo, sentado en el otro, frente a ella, metido en su camiseta amarilla de Filosofía. La misma luz, pues, dentro de los dos pares de ojos. Dentro de ella la melancolía, dentro de él la advertencia de aquella hermosa y triste mujer azul. Dentro del vagón, él frente a ella, una conversación. ¿No estaba dentro de ella la maldita idea, la fatal decisión?
Meses después, más tarde, dentro de mayo, dentro de los labios de ella, una confesión: de no ser por él, por la libertad de espíritu que le llevó a comprarse la camiseta de Filosofía, por aquella conversación, por todo el amor del que él es capaz, ella se habría suicidado.
* "La noche es la mitad de la vida y la mejor mitad." Goethe.
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30 abr 2010
De la gratitud
Un día más atrás, Germán y su hermana accedieron tan amablemente a revisarme y medicarme (un hermoso gesto también de parte de ella) y yo extrañé a mi madre y se lo hice saber. Las atenciones de Perla y Germán, los mensajes de varios amigos (Cynthia, Teo, Elsa, Gina, Olivia, Andrea, Anaid, Raybel...) y el apoyo siempre constante de papá me dejaron ver que no estoy en absoluto sólo, que sin ellos (a decir de Andrea) pudo haber sido mucho peor. Ulises y Manuel se han mantenido al pendiente y al cuidado de mí (Valente, en algunos casos) y, al final, yo no puedo estar lleno de otra cosa que no sea gratitud.
A todos ellos, les estoy eternamente agradecido, incluso a la abuela Emilia... sobre todo a ella, pero esas vivencias son harina de otro costal. Otra de las situaciones en las que ni todas mis palabras junto a sus posibles significados serán suficientes.
Han sido pocos los días de encierro en casa (aún), pero han sido muy buenos para pensar y poner en tela de juicio todo aquéllo que la "buena" salud no me había dejado ver. Y ¡vaya!, ¿quién lo diría?, las flores de mayo están siendo, finalmente, las conclusiones de esos pensamientos y la advertencia clara de que yo estaría marchito sin la familia y mis amigos... ah, y (como mi abuela) sin la luz de una ventana, para verlos llegar...
15 feb 2010
La Épsilon
Érase una vez una Épsilon -uno se refiere así a las cantidades pequeñas, las que se usan en los límites... Erdös llamaba así a los niños. Vivía en su casita infinitesimal, con su camita de incrementos pequeños, su cobijita bidimensional. Su casa (suficiente para albergar a una letra mayúscula), era la más hermosa de la vecindad de radio delta, la más colorida, la más cálida en invierno, la más fresca en verano, la que siempre he tenido ganas de conocer.Leibniz nunca imaginó que una de sus herramientas fuese a cobrar vida propia y ni siquiera Newton (con todo y la soberbia que la caracterizó) pudo predecir que La epsiloncita (como solían llamarle aquéllos que se jactaban de vivir cerca de su corazón) sería vista como una bella mujer (pequeña, pero bella).
Se paseaba entre infinitésimos, cercana siempre al cero. Se decía feliz y acompañada por él cuando mi camino se topó con el suyo. Ese día, vestía una blusa blanca y observaba un concierto (¿era una obra de teatro?) de no sé qué. Siempre le he dicho que recuerdo ese día... porque ése día la ví por primera vez, porque ese día observé el fondo de sus ojos claros y lo largo de sus cabellos. Me mantuvo a distancia de sí y un largo tiempo (uno que no creí acotado) no supe de ella. Hace poco tiempo volví a encontrarla (aquí, esta última palabra tiene un significado que guardo para mí) y advertí que algo en ella había cambiado. De nueva cuenta traté de buscarla y fue cuando me sorprendí: el tiempo había hecho estragos en mí, en la mente y las entrañas... yo también había cambiado. Mas no fue lo peor, ahora ella tenía alguien a su lado.
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