Cuaderno de sentimientos diabólicos
varios, propios y ajenos,
en este constante pedalear por la vida...



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10 jun 2014

Soñó que alguien se iba

alguien que no hacía mudanza. Mi espíritu, gustoso de los pasajes, las imágenes, los cuadros imaginados en la lectura de las novelas, decidió se marcara un destino. Mi abuela decía que no había que contar los sueños, porque en la realidad ya no sucedían. No herido, decepcionado, se me antojó pensarlo al revés... a mí, a quien él había confiado su sueño. Soñó que alguien se iba, sin el ruido de la mudanza... sin esa sirena roja gritando a muy pocos decibeles, anunciando la partida. 

Soñó que alguien se iba... Y hoy pensé en su falta de fe. Uní sus piezas: dejó entrever lo (ahora) poco poblado del terreno de nuestras intersecciones, la podredumbre de la madera de mi empatía hacia él. En realidad hay qué reconstruirse, pensé. 

¡Carajo, soñó que alguien se iba! Mi espíritu, mancillado, decidió debía ser en silencio... Me digo (le digo):

                                                     Soñó...
                                                                          que me iba...
                                                                                                     en silencio...
                                                                                                                                                (sí, yo).

6 feb 2014

Solucionario


Se me ha ocurrido que quizás mi destino esté jorobándome la espalda al decirme que vivo para resolver problemas. Mi oficio consiste en resolver problemas: no soy el payaso quejándose de que se rían de él. No. Me explico: si bien la vida es un constante resolver, caminar, resolver sobre la marcha, caminar para resolver, resolver sentado... dar solución... pareciera que ésa es la imagen, el tatuaje en la frente, la "vibra" que estoy expresando... Y se me acercan mujeres que confunden el "amor" (vaya cosa más disparatada) con el "resuélveme la vida", "cúrame"... "absuélveme"... 

No sin antes decir que he perdido el decoro en esta entrada, que no me importa y que no deseo ceñirme a él, escribo mi queja: a ésas mujeres no las quiero. Ellas caminan delante de mí y sólo regresan para "pedir y pedir"... o van detrás de mí y me hacen cargar con la responsabilidad del "sentirse bien", cuando sólo a ellas les corresponde. Quiero ser pareja, amigo, novio, esposo, amante... pero no padre. Padre se es sólo para los hijos. 

Comprendo bien que resolver problemas es parte de todo... no es que no quiera hacerlo, ése no es el punto. El punto es que quiero alguien que camine a mi lado, conmigo, junto a mí... que desee construir conmigo, para ambos, no valerse de mí para erigir con mis fuerzas las ruinas de su espíritu.

30 dic 2013

Fin de año


"Nunca había sentido tanto frío..." Al decirlo, uno duda de si no es acaso la vehemencia del suceso lo que le está nublando la memoria. ¿Cómo comparar algo que se siente con el recuerdo de lo que se ha sentido?

Uno se lo explica a sí mismo y, al hacerlo, quitamos el molde, lo llevamos a otro lado... y a uno se le escapa una analogía (aunque, por tanto, resulta una posible mentira): "A nadie había querido tanto como a ella"... Nube de pensamiento, araña de cristal colgando del techo, el viento golpeando entre sí los delicados péndulos... pequeños chasquidos, un trinar, al poner juntas las piezas que antes no lo estaban... el frío... y el amor... Y digo mentira, porque ésto que se siente es distinto... y también fuerte. Tengo edad y experiencia para saber que es amor. Amor, fuerte y persistente, como el frío.

El frío y el amor. ¿Podrá haber sido tan frío su corazón?... ¿Ninguna de mis palabras conmovió un poco su corazón?...

Como todas las noches junto al cansancio, untado en la piel como el calor de un fogón, se da al traste con las dudas (de otro modo, no le dejan a uno dormir). Hasta que uno se mete a la cama todo es claro, es decir, es la incertidumbre la que causa inquietud: ¡me voy a dormir!, sin tener ni la más remota idea de dónde hará más frío, si aquí en mi casa o en el corazón de esa mujer.

20 nov 2013

Patrones emergentes


El camino que lleva a casa. Las mañanas que cada ocasión se antojan distintas. Pero el ajetreo de los pies de los señores que, sigilosos, van a hacer desde temprano todos los mandados del mundo. Suéteres y perfumes recientes, cabellos aún mojados, manos frías... el café y su cabrón escándalo a cada nariz (a todas) antojándosenos. Una mañana, pues, que me trajo la nostalgia de la ciudad, los recuerdos de otros amaneceres menos ordinarios en los que también se precisaba volver a casa. 

Hoy fue preciso volver a casa... temprano (a uno se le hace tan tarde que vuelve a ser temprano) y bajarse, hombre común, en cuaquier parada del camión, desde cualquier asiento de ese camión cualquiera, conducido por un hombre ordinario, tosco, efímero... un día de noviembre, un día cualquiera. Camine por la plaza principal de este rancho cualquiera, recuerde los elotes en bolsita que no vende nadie (no tendrían qué estarlo sólo porque Gotitas de agua esté en mi cabeza... es muy temprano), y allá donde se ven los anhelos de su corazón (señor Diablo), junto a la Parroquia, contra esquina a sus pesares, frente a su agotamiento, tome el mismo sendero que lo lleva a casa: calle La Paz... una retorcida casualidad de esta vida de la que ya estoy cansado.

Hospitales, automóviles algo caros de los médicos, vestíbulos limpios y olorosos a pasillo de hospital... doble la esquina, calle de la amargura y la zona de las funerarias, los traficantes del hueso de manzana escupido al suelo que es el cuerpo de uno, ya viejo y sin el alma. Como quien avanza en el tiempo del primero enfermo y  ahora encerrado, se llega al Panteón.

Las vías del tren, emulando a Caronte, y yo sin un sólo óbulo... El Diablo casi ha llegado a su casa. Redención, purgatorio, vida después de la vida, está mi casa, pasando aquellos campos de flores marchitas, de recuerdos apagados. "Prolongación La Paz", una mala jugada del destino... o una premonición muy hija de la chingada.

26 ago 2013

Carta responsiva

El hombre está dispuesto siempre a negar 
todo aquello que no comprende.

Blaise Pascal


Apuntes escritos de un tirón.

Quise mezclar en un solo lugar varias cosas. Una fue mi pensamiento, quitándomelo de encima como camisa mojada que produce frío... en su virtud de la razón de algunos pesares. Otra fue el recordar mi niñez, esas imágenes que hace muchos años no volvían a mí, como causa de leer una autobiografía de Pamuk, en la que describe sus barrios, casas y calles, de sus edades tempranas. La tercera fue una amalgama de las primeras dos: yo, un niño, sentado en el suelo de la sala de su casa, desenredando la serie de luces de navidad, desenredando tu recuerdo, mujer, lo caótico, vil, humillante, maravilloso, increíble y extremista de "lo nuestro" (si alguna vez fue tal cosa). Se llame como se llame lo que me quedó entre manos... ahora que he vuelto a destaparlo, que he vuelto a sacarlo de donde lo dejé. Sentí que ya era tiempo. 

Escribí, entre tanto, un párrafo que me gustó:

"Me dicen siempre que uno no debe mostrar debilidad ante lo que le causa picazón, que hasta en los manuales de las buenas costumbres se menciona que siquiera hablar de tal o cual asunto es darle a éste cierta importancia, cuando el arma que se quiere mostrar es la de la indiferencia. Dicen que poner en la mesa del café lo que siento (sentía) por tí, si acaso ello llega a tus oídos, es darte poder, que no autoridad, si un efecto de tu voluntad sobre mí. Pero si de voluntad debe hablarse, pongo de manifiesto la mía: esas actitudes de guerra siempre me parecieron un privilegiar las apariencias a la sinceridad. En ese sentido, pueden irse mucho a la mierda: yo siempre he sido un hombre sincero."

Y fue todo lo que pude rescatar. Quería hacer una carta responsiva: ¿de qué fuiste responsable, de qué lo fuí yo? La ocurrencia me hizo feliz y me senté a escribirla. Por ello la rimbombante epígrafe. 

Pero me quedé a medio camino. No sentí necesidad de seguir: el trabajo, de este lado de la cerca, está hecho. La razón era volcar en una sola carta el bagazo de todo este asunto, quitarlo de mi alma, deshacerme de él, como con todas las cosas materiales tuyas en mi casa. El caso es que ya nada encontré. Me dije, pensé para mí: algo he de estar haciendo bien. Me sentí aliviado, me sentí en paz. Porque no es pecar de soberbia con la cita de Pascal, pero siento que no tengo que negar nada de este asunto, porque lo comprendo todo.

El tiempo, vía de tren sobre la que uno coloca la autoridad de las distintas realidades que va uno viviendo, dirá después si en algo me equivoco, como lo ha hecho siempre en todas las demás situaciones de la vida. Pero al día de hoy he tomado mis decisiones. Al día de hoy he hecho todo del mejor modo posible, como lo ha dictado mi sentido de lo correcto, como exige mi bienestar personal, el tuyo y el de los demás involucrados... como lo siente mi corazón.

Queda muy bien, pues, la cita de mis propias palabras (éso es gracioso): las convenciones sociales pueden irse mucho al carajo. Aquí mi conciencia manda... precisamente hacerle caso es ser sincero, es no mentirse a sí mismo. Y yo aquí he terminado... y yo aquí estoy en paz. Quiero seguir adelante.

No hay nada más qué decir. No tengo más qué decir.

25 abr 2013

Cello, piano y violín

¿Cómo reír el llanto? El llanto que se presume insípido, pero sabe amargo... que le sube a uno por un pulmón, hace estallar los ojos y se aloja como mala yerba, trepa el alma de uno, perfora el corazón como gusano, le pudre, le envejece, le arruga, le destiempla... ¡veneno! Y no puede sentir ya el frío o el calor, le embarra la sal del sudor, del cansancio surgido en vano, le escupió la entrada (la sal, que es el mal agüero, premonición de desgracias, escoba detrás de la puerta).

Quisiera reírme, pero me voy; quiero morirme, que el suelo negro en sus entrañas me guarde, salgan hacia ella como raíces mis las entrañas de un tirón, que así me duerma... velar yo mismo el sueño de mis ojos 5 años y despertar. Evaporarme. Llover con las nubes este abril y por todas partes esparcirme. Ser gota de rocío, hervir con el sol y volver al cielo. Quisiera reírme, que no llorar, pero no puedo. 

Y no es posible, me digo, que ya no tenga lágrimas qué reír, no más buena cara al mal tiempo. Ya no las
tiene tampoco mi tristeza. Y siento, duele el pecho del aún existo, del sigo siendo carne, hueso que en polvo ha de volver a la tierra. 

Y los porqués, las razones, los malditos profundos pensamientos. Vuelvo de la calle hasta mi cama, sin moverme de aquí, y sigo despierto. La flor que yo tenía se secó en la maceta, la tierra se agrietó en cada jardín y no creo en los milagros como para pensar en su resurrección, o que vuelva. La flor dejó de ser flor, pedazos que el viento se lleva. Y la planta es mi alma en un cristal, viéndose a sí misma, sin tocarse, alma viéndose a través de ella, sin llanto se seca.

Me siento triste, tengo rabia, dolor: no puedo llorar. Me traigo, sentimientos sin tragar, un tumor en el pecho. Me bebo el agua y el café, me restriego los ojos (podría pararme de cabeza, exprimirme los pelos, picar con un alfiler el corazón), pero no puedo. Y lágrimas que no salen de ningún lado no se pueden reír, menos llorar, ni uno irse así, vapor de agua, al cielo. 

"Si al menos hubiese visto llover", pienso. Me busco en idea feliz, alguna felicidad en la que yo oía ladrar los perros... cello, piano y violín... ya no te quiero.

6 abr 2013

¿Que qué quisiera?...

Sentarme a la orilla de un río, en Chiapas... mojarme los pies, mirar las luces y los colores en el agua. Escuchar su murmullo, sólo el murmullo, como quien viene hablando desde lejos, desde hace años... las ramas ancianas de los árboles enormes, la yerba que se seca y se hace quebradiza, pero que se resiste a perseguir la corriente, con tanta terquedad que a veces se parece a mí y a mi abuelo, a veces a mi padre. Quisiera no pensar en nada, no preocuparme. Sólo el sol en millones de pedazos y el agua que corre, los árboles enormes que cubren a todos y no molestan a nadie. El dolor en los músculos que recién se secan, la libélula sobre los troncos, la yerba pequeña de la humedad, verde, suave, omnipresente.

Quizás baste algo menos silvestre, un café de mamá junto a la ventana... sentir el olor a tierra mojada y ver llover. Ser el silente observador que era, a los 5 años, frente a los charcos y sus saetas de agua, en la puerta de mi casa. El solitario que he sido desde niño, el que despierta en una casa sola y sin su madre a las 6 de la tarde. 

Puede que sólo sea algo de paz, quietud, ningún mecer de las ramas. Pájaro mirándome desde la punta del árbol, pájaro sabio que sólo mira y no dice nada. 

Quiero irme de este lugar seco, piedra preciosa en la que no florece nada... lugar temporal, paisaje artificial, camión en el que van todos sólo un rato y no es de nadie. Este sitio-perversión a mi corazón, mineral inerte, no está en el suelo, está en el aire. No quiero este encierro, enfermedad del espíritu, no es queja: no quiere cadenas el perro, es noble, tampoco el alma de nadie. 

21 nov 2012

Corazón amarillo

Me siento triste y bastante sólo. La vida transcurriendo sus caminos alrededor mío. Estatua en la glorieta, con la caca de las palomas, pero sin sus alas, miro pasar la gente que tiene una vida, una ilusión, un anhelo. Melancolía del color de pasto que no tengo a los pies, frío matinal o de noviembre, de atardecer temprano o del magenta cielo, la tristeza viene y se posa, se da el lujo de cambiar de color como las luces en las fiestas o los escenarios.... me deja el corazón con hepatitis (enfermo con mal de hígado), amarillo. 

Autos con las luces encendidas por la noche, personas bajando de los camiones para la cena en sus casas (los esperan sus hijos o su mujer, yo no sé, el perro o el televisor, la ducha o los libros, yo no sé... siempre lo imagino). Yo, herrumbre turquesa sobre mí, hecho de cobre... inmóvil... frío. Quiero mi corazón de carne, rojo, fuerte, palpitante, intranquilo... lleno de una idea feliz, de satisfacción, amor... cariño. Los mayas me dijeron que debía ser un músculo, para mostrar gratitud... yo lo quisiera para hacer algo grande con la vida.

Las gentes se irán a dormir. Las luces se apagan. Un mierda gato me utiliza. Silencio, negro de oculto sol, dolido. ¡Que amanezca!, quiero de nuevo la ilusión con la que vine, las calles limpias de todas las mañanas, el café, los ánimos de la primera hora del día. Quiero ser pan recién horneado y no estatua, quiero se me desprenda un aroma, no hojas secas. Aún tengo esta mente lúcida y esta fortaleza... que se desprendan mis pies de esta lápida.

6 oct 2012

La pena, ceniza de tabaco...

Fumarse un cigarro, sin querer desperdiciar, le lanza las últimas partes por el aire, las deja donde no se tenía planeado. Cierta belleza hay en sus formas, las naturales, ahí donde están, ya desprendidas.

La pena, ceniza de tabaco, está donde no debería... Hago esfuerzos por retirarla con los dedos, pero el ejercicio la aplasta a mi alma... la embarra con insolencia sobre la mesa.

¡Un trapo húmedo para limpiar mi corazón!

28 sept 2012

El camino más largo...

¿Cuál es el camino más largo? 
Cualquier camino es el más largo 
cuando van los pies y el corazón no va.

Alejandro Jodorowsky


Miro mi casa y mis cosas, mi vida y mi trabajo, imagino los empedrados de estas agradables calles (las de allá afuera), las casitas de colores y sus ventanas de papel volando, el pasto frente a la ventana, una luz tierna sobre los cristales que no pudieron cubrir las ramas...  este lugar colonial... Te veo a ti (imaginaria)... o al recuerdo que en este instante tengo de ti (remembranza de un pensamiento) y una verdad (de las que lo son no por su lógica, sino porque se sienten): no quiero irme. Si alguna vez me fui, de otra ciudad, lo hice con esperanza, estoicismo y paciencia; me despedí como debió ser, dije adiós a quien lo mereciera y seguí. 

Hoy no quiero dejar la vida a medias. 

He cavilado al respecto: me falta juventud (¿en serio?), estoy un tanto cansado de las mudanzas (¿de huir o de seguir?) y no establecerme... las cosas del mundo y de la vida que he querido hasta esta edad me piden que me quede... en algún momento pensé en quedarme un rato aquí. 

Pienso (incluido el diablo en las cosas susceptibles de ser pensadas: me pienso): todo ésto "son diabluras", porque yo lo he creado. Lo hecho no habrá de hacerme a mí, lo construido con mis manos, porque seguiré teniendo vida; artesanía, puede repetirse... 

23 sept 2012

Tienes razón

La tienes porque la siento: cada que lloro (lloramos) el alma se me (nos) seca. ¿Cómo retoña el amor y su flor en el desierto?

13 nov 2011

Raíz cuadrada de -1

Sí, así, inventado, irreal, de grafito: dibujo en cartón.... como escenografía de otro actor, como humo que ha de ser aire. Así me siento, fotografía empolvada en el muro, objeto inanimado, como falto de mí mismo... imaginario, intangible, extraviado, la vista y yo perdidos, ausentes. Muy triste: un fantasma que no existe no puede cargar en los labios perfume de mujer.

Buenas noches: yo no soy Rubén, aún no 'soy', no puedo moverme. Disculpe si le asusté. Dejará de verme cuando usted despierte.

14 oct 2011

Sin decir palabra

Punzadas en la cabeza, el sueño en su lata ya destapada y vaciándose sobre el mantel. El diario vacío, incapacidad para escribir a esta hora de la noche. Lunares de piel visibles como manchas en mi ánimo. Desespero. De familias disfuncionales, discusiones dolorosas (de las que hacen llorar) están llenos los pensamientos de esta tarde, poniéndome una parte negra de mi pasado en la frente, allí, junto al cristal del coche que me ha traído a casa. No sé si vivo en un mundo de juguete, si me inventé los ideales que persigo, si alguien con toda la intención (la mala intención: un padre, un libro, mamá o los hermanos... no lo sé) me dejaron ideas estúpidas bajo la almohada y más estúpido yo las soñé. Fracaso de las relaciones humanas, de la sana discusión, sepultura de la idea y la palabra: la riña, pisadas con lodo sobre el cariño y el amor. Sueno cursi, me causa asco, desespero. Desespero. Desespero. Es tan fácil querer, ¿cuál es el problema? ¿Los egos?, ¿el orgullo?... ¿por qué me puso al borde de las lágrimas un problema de otro? ¿por qué traigo en la memoria esta porquería, por qué aún recuerdo?, ¿por la lejanía?, ¿por mi ausencia de raíces? Compasión: "el secreto de su etimología ilumina la palabra con otra luz y le da un significado más amplio: tener compasión significa saber vivir con otro su desgracia", escribe Kundera*, ¿es compasión?, ¿imágenes en mi propia vida? ¡Con una chingada!... ¿por qué todo ésto me hace sufrir? 

* M. Kundera. La insoportable levedad del ser.

30 ago 2011

El agravio del descuido, la levedad de la incomprensión

Esta noche me iré a la cama muy triste. Me dejó en este camino una persona que no sabe escuchar, que no es capaz de poner atención... y yo, intentando explicar, dándome a entender. La sabiduría popular es, permítaseme la redundancia, ¡sabia!: no hay peor sordo que el que no quiere oír. Y sería insensatez de parte mía seguir gastando mis energías y mi tiempo en hacerla escuchar. No quiere, no le importa. ¡Lástima!, a mí sí, pero ya no después de hoy.

Pecata minuta, escribir más no vale la pena.

No tiene importancia después de la extraña llamada que recibí hoy, con una noticia sobre otra persona a quien he descuidado... me dolió. Me dolieron la noticia y el descuido. Dolió muy en el hueso, ardió en la piel, fisuró el alma. Y por más que quisiera hacer, actuar, ser... todo se me escapa de las manos: no puedo controlar, no debo (además). Aquí echamos mano del optimismo y nos da por tene fe, mucha fe... fe en uno mismo, en que todo ha de salir bien. Esta noche traigo rota un ala del ánimo. Pero no será más que una gripa, un resfriado, sólo por esta noche. Soy fuerte (somos muy fuertes) y peores cosas hemos soportado.

Habrá de amanecer.

29 may 2011

Recuerde: ponga atención a los adjetivos*

Esta libertad (la paulatina posesión de retazos de las riendas de mi vida) me ha dado seguridad y he andado por estos caminos con paso firme. A cada día que pasa volando, a cada sombra de sus alas que puedo verle, es más claro el objetivo y voy poniendo menos atención en los obstáculos (esto es, no más de la que merecen). Mis fuerzas están dedicadas, pues, la mayor parte del tiempo a lograr los adjetivos que califican mi persona y enriquecen (fortalecen) mi alma.

Entonces, uno deja de sentirse vulnerable a ratos (aquí la primera exageración) y se pone en modo "automático". Uno cree tener el control, mantener el orden, hasta que (paso firme, riendas en mano) se mira en tus ojos. Y es que había olvidado cómo tu silueta, el contorno dibujado a lápiz de tu cuello, la intimidante sonrisa y ese soberbio deambular de tus cabellos de espiral en el viento, le hacen a uno padecer.

Padecer, la palabra constante. Padecer, no porque la belleza, en tanto un placer estético, duela en alguna parte de la propia carne... o porque la finura y ternura de tus manos le provoquen a uno un retortijón en la parte izquierda del abdomen. No. Padecer, porque compañía de mujer es lo que me hace falta y el universo de tu mente, de tus palabras, de tu andar y hasta la sombra de la costilla que llevas de más (la que, cuentan, a mí me quitaron al inicio de los tiempos) puede llenar, por demás, el vacío en el pecho y puede calmar la inquietud en el alma. Padecer la ausencia de la Mujer (con mayúscula) que eres; porque una delgada línea es la frontera entre tenerte, siendo de tí, y estar entre tu indiferencia por las demás gentes de la ciudad. Padecer mi calidad de extranjero, vaya. Inquietud dado el padecimiento de mi palma derecha en tu cuello-hombro, el de tu mano cuando la retiras.

Para tí lleva mi vida muchos adjetivos en los que hay que poner atención; para mí tiene tu ser bastantes verbos. No obstante, todo aquello de lo que te despojas las tardes en que coincidimos, aquello que permites se quede conmigo, el corazón (tenía que usar la palabra, nombrarle) lamenta no ser (quisiera usar el 'todavía') tu pareja.

Y con todo ello me voy a la cama, pensando en que de esta ciudad (si todo sale bien) debo irme. Me llevaré, pues, el rostro tuyo a donde vaya, para ponerlo en medio de mi realidad de girasol (como dice Pessoa), para hurgarte en mi memoria, para que estés conmigo.

Pero todo esto es temporal. Son las impresiones que me deja verte. El tiempo ha de pasar y a partir de mañana, después de la ducha fría, comenzará la erosión del tiempo. Sabines hablaba de una semana para prenderle fuego a todas estas palabras de amor, para este caso yo necesito dos días. "Ojos que no ven, corazón que no siente"... y seguiremos siendo amigos, pero en cuanto a los sentimentalismos sucederá lo de siempre contigo: te olvidaré.

*A propósito de mi nueva y tan anhelada pluma fuente, del Cuaderno de dramas y exageraciones y los amores "bonito recuerdo" (es decir, obsoletos).

2 may 2011

Como el agua


La última vez que la ví, el viento nos había hecho travesuras (se llevó mi sombrero) y le enfrió un poco más el corazón. Yo le cubrí con mi cuerpo, le besé una y otra vez la mejilla, la frente y los labios. Recordó que en otras ocasiones Ella había pensado que la naturaleza le hacía eco a lo que el pecho sentía, y que esa tarde no había sido la excepción. La última vez que pensé en Ella (hace 10 minutos), llovía. Mi noche, sin Ella, mojada en el árbol de enfrente, como yo, enamorada. La última vez que la recordé (retorciéndose las vísceras en mí, es así como le inquieta a uno su ausencia), el agua venía desde no sé dónde hacia las hojas de los árboles, hacia sus troncos, buscando ese sitio del que no quiero despegar los pies: la tierra. Quise ser como el agua, que juguetea sobre los obstáculos, se ríe de ellos y sigue su camino, hacia la tierra. Quise cruzar los edificios, rodear los faroles, hollar su calle, abril la puerta de su casa sin hacer ruido, encontrarle cobijados los sueños y contemplarle dormida. Quise tenerle en mi vida, una noche en mi cama, arrullarle en mis brazos, impregnarme de su olor a mujer toda la noche. Quise poner en la mesa sus sueños, sus sentimientos, y quitarles los miedos y las basuritas, como le hace uno a los frijoles. Quise... quise... tú sabes, agüita de lluvia, resbalar enamorado como tú, como tu noche, por los pétalos de mi rosa y dejarle rocío en las hojas al amanecer.

Sinfonía Fantástica

Un amor sedimentado y apelmazado para ti, en el fondo del corazón. Un amor irreal, pues, una Sinfonía Fantástica (como la de Berlioz) por bella e intangible. Fantásticos nuestros "te quiero", luz imaginaria la claridad de tus ojos, lo que me niego a abandonar. Si tan sólo dejaras de tener miedo, amor mío...

27 abr 2011

Festejos y elegías


Llenos de insomnio tengo esta noche los ojos, tristeza con pegamento en el pecho y el mismo problema de siempre: mal de amores. No me acongojo... Al contrario, me alegra. Ya bien sabía que poner el corazón en el brillo de las cosas (mi amor hacia ti, mujer) puede dejar dolor, puede hacer sufrir. Yo lo sabía. Y te sufro con paciencia, definitivamente. Si no fuese porque me contradigo, diría que te sufro con gusto: la pena también es parte de vivir. La ausencia de tu cuerpo, de su perfume y de una de tus palabras me es, pues, soportable como dolor de rodilla tras el golpe: mientras cala, se sabe que ha de pasar. Te extraño sobremanera, no lo imaginas, y necesidad de ti fue lo único que recogí de tu calle esta noche, de necesidad de ti se me llena a media luz este frágil (y por tanto, maldito) corazón.

Y sí, te quiero. ¿Qué otra razón tendría yo para buscarte así? Imagina, pues, lo feliz que me hará verte de nuevo... "mirarse en la claridad de tus ojos", como te mandé decir por la mañana. ¿El quererte no es, así, suficiente para alegrarse y sentirse vivo?

Si yo pudiera morder la tierra toda*
y sentirle el sabor sería más feliz por un momento...
Pero no siempre quiero ser feliz
es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural...
No todo es días de sol
y la lluvia cuando falta mucho, se pide.
Por eso tomo la infelicidad con la felicidad.
Naturalmente como quien no se extraña
con que existan montañas y planicies y que haya rocas y hierbas...
Lo que es necesario es ser natural y calmado en la felicidad o en la
infelicidad.
Sentir como quien mira. Pensar como quien anda,
y cuando se ha de morir,
Recordar que el día muere y que el poniente
es bello y es bella la noche que queda.
Así es y así sea.

*Fernando Pessoa.