Cuaderno de sentimientos diabólicos
varios, propios y ajenos,
en este constante pedalear por la vida...



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4 may 2014

Instrucciones para adivinar el futuro


Arguya algún plan para llevar a su mujer al dormitorio. Bésela cariñosamente. Trátela con cuidado, que aunque fuerte, es frágil y en ello también radica su belleza. Abrazos mediante, condúzcala a la orilla de la cama, guíe su mano hasta que ella se siente sobre la cama. Aleje sus largos cabellos de su espalda para no tirar de ellos cuando la acueste suavemente. Sonríale, contémplele la luz en los ojos (los ojos claros de su mujer, las pestañas enormes en las que piensa, cuando las ve, que podría colgarse).

Sin que lo adivine, retire de su abdomen la ropa, descúbrale la piel alrededor del ombligo sin desnudarle. Bese su vientre, acarícielo, sople la superficie y ponga sobre de ella su oreja, el sentido del oído. Cierre los ojos... y escuche. Recostado sobre la cama, junto a ella, la cabeza sobre su vientre, escuche. Sólo escuche.

Las voces de sus hijos, que también son los de ella, germen del amor y toda la fe, no tardarán en llegar. Hable con ellos, pregúnteles. ¿Qué les depara el futuro?

Vuélvase a sí mismo y piense, piense en lo que le han dicho sus hijos. ¿Algo no está tan bien? Entonces reconstrúyase, para usted, con usted, junto a su mujer, con ella y para ella. Permítase una pausa en su vida y escuche el vientre de su mujer. Escúchelo de verdad y piense. Eche mano de todo su amor y actúe.

Es fácil adivinar el futuro.

2 mar 2014

La ausencia de Luz


2.03.2014
5.35 hrs.

No hay luz en mi cuadra y el diablo se pasea por las ventanas. Tienta a las muchachas, a los jóvenes, a todo aquél que en este pueblo "bicicletero" dice tener moral el día sábado, va a emborracharse a la fiesta en el salón de la esquina e irá a misa hoy domingo. (Hoy, porque ya dan las 5 de la mañana)


El diablo en la oscuridad, viendo la calle apenas iluminada por las lámparas de las habitaciones de enfrente, en que quizás se desviste, para dormir después de bailar, una muchacha.

No sabe de Dios, ni de fulgores sin placer, no se encamina a una salvación: es el demonio, es dueño de sí, es real. Mítico animal del medioevo el que ronda mi casa, la noche del día primero del mes de marzo, mes en que saldrá el sol y su despeinado rayo, a partir de unas horas.

Me alegra la oscuridad, con Luz, con la intuición de Luz (nombre y suceso, materia y acción). No me interesa el diablo por calle La Paz, ni lo que haga con nadie allá afuera. Me interesa O., "la que ayuda", la que hoy me llena, porque me ha mandado, enviado, besos. Hoy tengo los besos de O. Hoy tengo luz, pese a la negra calle, en mi cuarto.

Y soy más feliz, muy feliz, más alegre que el propio Diablo. 

6 oct 2013

"Somos gente seria"


Despierto en domingo, muy temprano, antes que todos, se abren los libros, la enciclopedia recién adquirida (una imagen particular en el tomo de química, o el de historia, quizás el de literatura, junto a la puerta que mira al patio, que tiene el arriate, que tiene un limonero y limones verdes), se escucha la primera luz del día, del silencio en las calles, del asfalto quizás recién mojado, de este inicio grisáceo-azulado de domingo, del terreno baldío frente a la casa, tras las ventanas que casi son todo el muro, de mis 15 o 16, quizás 17 años.

Mi madre era la primera en despertar, porque su hijo estaba ya despierto y había que desayunar. Siempre lamenté hacer un ruido de más: un rechinar fuerte de la cama, quejido de la madera, ruido de la puerta. Me gustaba la sensación de seguridad a las 7 de la mañana, del sueño de mis padres y mis hermanos, actitud que he tenido siempre a quien he querido: vivir, permanecer, ser sin molestar, hacerme sin perturbar, velar un sueño... o varios. 

Ah, el "antes de irme de casa".

Y luego la vida fuera, las maletas y las ligeras cargas (unas mudas de ropa, unos libros, el despertador)... y la pesada carga de emociones. Vuelvo al aquí, al ahora: ¿en qué momento me extravié?, ¿cuándo dejé de ser yo mismo?

Las explicaciones tornan desde la nobleza hasta la falta de cariño. Dejé pasar a la gente con lodo en las botas a la casa de mi espíritu y se me dijo que vivía sucio. Me dijeron algo que yo no era y les creí. Quizás me haya dejado sin consuelo, sin una raíz o lugar propio, la separación de mis padres. Quizás hay mucho qué superar. Aunque aún no tengo claro qué hacer (receta de cocina, algoritmo, procedimiento a seguir), he vuelto a encontrarme a mí mismo. Fotografía del muchacho cargado de sueños, todavía vive en mí. Fortaleza antes que melancolía, determinación antes que compasión. Los años no pasan en vano.

Dicho en tono de broma (a medias), el señor que es mi amigo y otro señor, yo, decíamos: "somos gente seria". Yo era una persona seria, más que ahora. Árbol a cuyo tallo hay que amarrarle una varilla para que crezca derecho hacia el sol, uno requiere disciplina, trabajo, otra vez determinación.

Necesito seguirme viendo al espejo.

26 ago 2013

Carta responsiva

El hombre está dispuesto siempre a negar 
todo aquello que no comprende.

Blaise Pascal


Apuntes escritos de un tirón.

Quise mezclar en un solo lugar varias cosas. Una fue mi pensamiento, quitándomelo de encima como camisa mojada que produce frío... en su virtud de la razón de algunos pesares. Otra fue el recordar mi niñez, esas imágenes que hace muchos años no volvían a mí, como causa de leer una autobiografía de Pamuk, en la que describe sus barrios, casas y calles, de sus edades tempranas. La tercera fue una amalgama de las primeras dos: yo, un niño, sentado en el suelo de la sala de su casa, desenredando la serie de luces de navidad, desenredando tu recuerdo, mujer, lo caótico, vil, humillante, maravilloso, increíble y extremista de "lo nuestro" (si alguna vez fue tal cosa). Se llame como se llame lo que me quedó entre manos... ahora que he vuelto a destaparlo, que he vuelto a sacarlo de donde lo dejé. Sentí que ya era tiempo. 

Escribí, entre tanto, un párrafo que me gustó:

"Me dicen siempre que uno no debe mostrar debilidad ante lo que le causa picazón, que hasta en los manuales de las buenas costumbres se menciona que siquiera hablar de tal o cual asunto es darle a éste cierta importancia, cuando el arma que se quiere mostrar es la de la indiferencia. Dicen que poner en la mesa del café lo que siento (sentía) por tí, si acaso ello llega a tus oídos, es darte poder, que no autoridad, si un efecto de tu voluntad sobre mí. Pero si de voluntad debe hablarse, pongo de manifiesto la mía: esas actitudes de guerra siempre me parecieron un privilegiar las apariencias a la sinceridad. En ese sentido, pueden irse mucho a la mierda: yo siempre he sido un hombre sincero."

Y fue todo lo que pude rescatar. Quería hacer una carta responsiva: ¿de qué fuiste responsable, de qué lo fuí yo? La ocurrencia me hizo feliz y me senté a escribirla. Por ello la rimbombante epígrafe. 

Pero me quedé a medio camino. No sentí necesidad de seguir: el trabajo, de este lado de la cerca, está hecho. La razón era volcar en una sola carta el bagazo de todo este asunto, quitarlo de mi alma, deshacerme de él, como con todas las cosas materiales tuyas en mi casa. El caso es que ya nada encontré. Me dije, pensé para mí: algo he de estar haciendo bien. Me sentí aliviado, me sentí en paz. Porque no es pecar de soberbia con la cita de Pascal, pero siento que no tengo que negar nada de este asunto, porque lo comprendo todo.

El tiempo, vía de tren sobre la que uno coloca la autoridad de las distintas realidades que va uno viviendo, dirá después si en algo me equivoco, como lo ha hecho siempre en todas las demás situaciones de la vida. Pero al día de hoy he tomado mis decisiones. Al día de hoy he hecho todo del mejor modo posible, como lo ha dictado mi sentido de lo correcto, como exige mi bienestar personal, el tuyo y el de los demás involucrados... como lo siente mi corazón.

Queda muy bien, pues, la cita de mis propias palabras (éso es gracioso): las convenciones sociales pueden irse mucho al carajo. Aquí mi conciencia manda... precisamente hacerle caso es ser sincero, es no mentirse a sí mismo. Y yo aquí he terminado... y yo aquí estoy en paz. Quiero seguir adelante.

No hay nada más qué decir. No tengo más qué decir.

13 jun 2013

La niña en la banqueta...

con la mochila hasta los aparejos y un cuaderno en las manos, de ésos con los que le mandan a uno al catecismo, a rayas, lleno de garabatos a lápiz. Su madre, señora gorda que no cabe en el espacio pequeño que camina la niña y debe bajarse a la acera, regañándola:

- ¡Tienes que aprender a hacer bien los números!

¿Yo?, viéndolas pasar, poniéndome el saco que sí me queda: Don Rubén, señor matemático, usted también tiene que aprender a hacer bien los números.

31 may 2013

Coffee break

Bossa Nova de toda noche y cada madrugada: sorbo de café caliente, el alma en paz (al fin, en paz) meciéndose en las ramas, sin despertar a los pájaros...

27 may 2013

El propio lugar

He aquí las dificultades, lo complicado de su vida, los problemas a su nivel (porque es éso: su vida). ¡Vamos, señor Diablo, resuélvalos! Pruébese a sí mismo que es tan grande como dice ser.

29 mar 2013

El señor subía el callejón...

y llevaba una flor morada en la mano derecha. Me sorprendió al dar la vuelta hacia la calle y ascendía no sólo por sus pies, también por la certidumbre que le habría de dar la mirada de una mujer a su llegada. Llevaba en los ojos la preocupación tierna que sólo el corazón del varón que aguarda a entregar un detalle puede tener. Le miré el cuidado en las ropas que uno siempre procura antes de acercarse a un femenino balcón, a una fría puerta que lo separa de la pacífica compañía que sólo ellas pueden ofrecer. 

Lleno de dudas, con vaya usted a saber qué noche cargada de bestias en el corazón, apuraba el paso y suspendía en el aire su perfume varonil, el olor al baño reciente en su cabello cano.

Ése señor iba a entregar una flor, quién sabe a qué mujer. Esa noche, bajo esos faroles amarillos, también en él me había visto yo.

27 mar 2013

Carne de res

Anoche volví a soñar mi corazón. Pienso en que no sé qué significa... en mi vida, para mi vida, quiero decir. La primera vez, cuando el cuento de El desengaño, soñé un corazón gigante, latiendo frente a mí, enorme como una vaca... yo tomaba conciencia de que era el mío, me palpaba el pecho y la inconsistencia de su tamaño pasaba inadvertida al saber que un agujero grande, con sangre seca en las orillas de mi piel, me atravezaba por completo. 

Aquella mañana, cuando recordé el sueño, sabía que algún pesar había en mí, muy grande, como para querer quitarlo de mis entrañas de un jalón... mi mente había entendido que los pesares están en el vital órgano y me había imaginado sin él, porque al verlo fuera de mí yo no sentía dolor.

Una metáfora en un sueño, que lo convertía en pesadilla. Una pesadilla a la que le pinté ojos, pies y manos e intenté convertir en cuento.

Anoche todo fue más material, menos sentimental... fue muy, ¿cómo decirlo?, más carne de res. Recostado en algún lugar (ante la sorpresa, el lugar era donde menos había que poner atención), una mujer delgada, de piel clara y de rasgos finos, lo sacaba de mi pecho... tengo la vaga impresión de que se trataba de algún hospital. Lo sacaba de mí, pendían de él ¿las arterias?, como cables de una bocina y yo era consciente de todo el proceso. Yo miraba y callaba, advertía el cuidado con el que procedía la mujer de manos finas y miraba alrededor, muy cerca de ese pedazo de carne, si no había "algo", lo que fuera, que lo lastimara.

Me causó una impresión muy grande saberme con el corazón ahí, afuera, y comprender que en ese instante mi vida (todo, todo lo que puede para uno significar la vida) era extremadamente frágil. Bastaba cualquier error, cualquier daño, para que muriera. Curiosamente, yo guardaba la calma y confiaba en la paciencia de esa mujer.

Luego volvió a guardármelo en el pecho, de algún modo, pero lo había devuelto mal. Ya dentro de mí, yo sentía cómo había desconectado algo, lo había vuelto a conectar mal y mi sangre manaba por el error. ¿Cómo era consciente de ello?, sentía algo caliente que se me escurría por dentro y me inflaba, ligeramente, el pecho. 

Guardé la calma, como lo he hecho las 2 veces que he vivido un terremoto fuerte y actué. Me tocaba el pecho, palpaba la herida por donde había sido todo el procedimiento y sentí terror al verla cicatrizada. Trataba de abrírmela, de nuevo, con las uñas... pero sabía que un día antes me las había cortado, por higiene... me arrepentía de ello. Clamé ayuda de la mujer... y ella, mirada de mármol, inexpresiva, no se movía siquiera. 

Desperté, eran poco más de las 4 de la mañana. La primera reacción fue tocarme el pecho: todo estaba normal, mi señor corazón latía fuerte. Lo único extraño fue sentir, ahí, muy adentro, un pequeño dolor... una especie de cortada de dedo, pero en el corazón.

No pude volver a dormir y desde entonces estoy despierto. Antes de relatar que el suceso fue tan horrible como para hacerlo cuento, siento necesidad de escribir: "la vida es frágil".

Luego me asiste la mente racional: quizás los infartos del personaje principal de la película de la tarde, quizás el haber hablado de mi primer cuento, puede que una especie de tristeza profunda. No sé.

¿Qué le dicen a uno, acerca de sí mismo, los sueños?

27 ene 2013

La batalla de Puebla

Enero 13, 2013. 6:22 hrs.

No puedo explicar el montón de sentimientos que me causa caminar la avenida 5 de mayo de madrugada. Una mañana de bellos sentimientos, difíciles de desenredar. Les dejo así, ahí, porque así tienen forma. Si pudiera (y quisiera, quizás ni me interesa querer) separarlos en piezas, cada uno sería fugaz: sustancia, como descomponer agua en oxígeno e hidrógeno ("aparte chivo y aparte carnero", dice mamá), despedazar en células un insecto (¡qué exagerado!).

Bellos recuerdos: las luces y las sombras después de salir del cine, de madrugada. El cine en que El Jarocho trabajaba y nos dejaba mirar la revisión de las películas antes de la Première... ¡y gratis! Las caminatas entre bromas y amigos antes de llegar a la casona vieja (llena de chinches y cayéndose los muros a pedazos pequeños) en que vivíamos. Los casi dos años que no estudiaba (no del todo) y apenas sobrevivía en la Universidad. Mugres años.

Ante la situación actual, mejor que la de esos días, los recuerdos tienen otro color. Saben mejor. Se honra las enseñanzas que me dejaron . Uno agradece a todo ese sufrimiento que le ha forjado (y le sigue forjando), le guarda respeto... y es como otro modo de quererse a sí mismo, porque se mira con cariño hacia atrás el propio tiempo (uno es éso: tiempo, su tiempo), "un tiempo mío entre todos mis tiempos".*

Hoy, sólo hoy, que recorro esta calle, me recorro en 2 tiempos distintos: la más real y palpable posibilidad de [aquí una meta que no se dice] (el siguiente paso-peldaño-muro) y la inimaginable partida de antes de la Ciudad. Sólo debo [...] para mostrar decisión... y todo vendrá con ello. No sé bien a bien cómo le haré, pero es algo que he querido desde los 14 o 15 años, hace más de 10 (en parte, ahora lo sé, no tenía conciencia de lo que yo quería, y lo sigo queriendo).

Cuando salí de casa, papá no quería dejarme ir: veía venir sufrimiento, pesar... No se equivocó, pero no me arrepiento ni una pizca. Ahora, que de nuevo quiero irme, sucede lo mismo. Sin embargo, tengo la certeza de que papá no se equivocará esta vez tampoco. Todo es más real (sí, "real" creo que es la palabra apropiada). Mamá me alentó la primera vez sin vacilar, hoy de nuevo lo hace, pero ya no con la misma convicción. El tiempo que todo lo cambia, que lleva a cada cosa a su lugar, autoorganiza, lleva el sistema al equilibrio, acomoda, como idea aristotélica: lleva a los objetos a la tierra (les da realidad) porque allí es su lugar natural.

(Como siempre, me perdí en los pensamientos. Pisé la piedra en el río y me hundí).

Hay mucho qué pensar, viajando como filósofo** por 5 de mayo, mucho qué considerar desde que me amanece. A diferencia de otras veces, siento (de sentir, no de pensar) que no hay que darle tantas vueltas al asunto: siempre he perseguido esas "ideas locas" que me han hecho deambular por el país. "Confieso que he vivido" y quiero seguir así: vivir, que me he pasado la vida (a ratos se me ha pasado la vida) pensando.

Bien vale la pena irse levantando a caminar, para vivir (es lo correcto, según Thoreau); levantarse a vivir para, en particular, poder escribir.

Voy persiguiendo un Sol.


____________
* Jaime Sabines, Prólogo.
** "El filósofo viaja a pie". Pitágoras.

10 oct 2012

Naila

Ya no es la misma, puedo sentirlo. Bueno... no ha pasado mucho tiempo desde que la encontré (o me encontró, no puede saberse con certeza) en el café de siempre, es cierto. Pero ha cambiado un poco. Me llegaron al corazón de pollo sus ojos grandes y sus maullidos. No voy a hacer el cuento largo: me la ofrecieron, me la regalaron. La traje a casa. 

Se me ocurrió casi de inmediato llamarle "Naila", como la canción oaxaqueña, como el nombre de mujer que significa (en zapoteco) "ojos grandes". No se ha quitado de la ventana desde que llegué... no se cansa de mirar al cielo. 

Como todas las veces que abro la ventana de la cocina y me preparo de desayunar, mira los árboles y su lento mecer desde el suelo al lado de mis pies. Me gusta contemplarla así: quieta, ¿pensativa?, observando. No conoce mucho del mundo de allá afuera, temo que dejarla salir signifique no volverla a ver.

Ahora ronronea en la ventana. Se le ven graciosas las orejas y los bigotes largos... su silueta por detrás. Ya la quiero. Depende de mí. La cuido. La mimo después de comer cuando quiere dormirse. Me hace compañía.

Ni ella ni yo somos, esta noche, los mismos. Ella ha crecido un poquito, yo he dejado de escribir. De escribir bien, de escribir algo que me guste, desde hace un tiempo, tiempo en que no he leído nada que no sean Matemáticas... y la parte alada de mi alma ha perdido condición. ¿Me explico?: yo antes miraba hacia el horizonte como la gata... y extraño esos días.

Vámonos a dormir, Naila. Aunque mi alma (¿y la tuya?) no hayan andado mucho el día de hoy como para tener sueño.

28 sept 2012

El camino más largo...

¿Cuál es el camino más largo? 
Cualquier camino es el más largo 
cuando van los pies y el corazón no va.

Alejandro Jodorowsky


Miro mi casa y mis cosas, mi vida y mi trabajo, imagino los empedrados de estas agradables calles (las de allá afuera), las casitas de colores y sus ventanas de papel volando, el pasto frente a la ventana, una luz tierna sobre los cristales que no pudieron cubrir las ramas...  este lugar colonial... Te veo a ti (imaginaria)... o al recuerdo que en este instante tengo de ti (remembranza de un pensamiento) y una verdad (de las que lo son no por su lógica, sino porque se sienten): no quiero irme. Si alguna vez me fui, de otra ciudad, lo hice con esperanza, estoicismo y paciencia; me despedí como debió ser, dije adiós a quien lo mereciera y seguí. 

Hoy no quiero dejar la vida a medias. 

He cavilado al respecto: me falta juventud (¿en serio?), estoy un tanto cansado de las mudanzas (¿de huir o de seguir?) y no establecerme... las cosas del mundo y de la vida que he querido hasta esta edad me piden que me quede... en algún momento pensé en quedarme un rato aquí. 

Pienso (incluido el diablo en las cosas susceptibles de ser pensadas: me pienso): todo ésto "son diabluras", porque yo lo he creado. Lo hecho no habrá de hacerme a mí, lo construido con mis manos, porque seguiré teniendo vida; artesanía, puede repetirse... 

4 sept 2012

Horizontes

Homología Simplicial y Singular; la Teoría K algebraica y el misterio de sus grupos superiores; las Pilas Algebraicas, el seminario que más me cuesta seguir... espacios algebraicos y "Stacks" de Artin; la monótona Variable Compleja y una balbuceada Teoría de Galois Infinita en Teoría de Números Algebraicos y Campos de Clase. Cómo se me limita en las clases de Cálculo III en las que apoyo. La promesa de la Teoría de Intersección y mucho trabajo. Cómo me perseguía hoy, para regañarme, la maestra de Inglés. Mi alemán una vez más aplazado y su polvo de "encimita". Dejé de perseguir con los ojos las líneas de los libros de literatura, las novelas y los ensayos... apenas me senté de nuevo a escribir. Una casa ordenada en su mayoría (o a medias), pero con lavadora nueva... la ropa limpia, las sábanas aún sin secarse por completo. Mi paciencia ante esta mesa en que escribo y la madera del mueble de la ropa llena de ejemplos de curvas algebraicas y una que otra álgebra de generación finita sobre el campo k. Una taza de café, la tregua del martes por la noche y su soledad: tiempo para que el cabrón cerebro se ponga a pensar. 

Eduardo Galeano había sido ponente en una plática en la que uno de sus compañeros daba su propia acepción a la palabra "utopía": el horizonte que se aleja en la misma medida en que uno camina hacia él, que siempre se mantiene lejano, a la misma distancia pese al mucho andar... que sirve para ello: como dirección para andar. Tengo un ideal de vida, una barra alta qué saltar, que me encamina (para éso sirven los horizontes, decía, para saber hacia dónde caminar). 

Todo va hacia algún lado con buena velocidad, la velocidad que lleva a las metas de uno. Pero las treguas son malas y hoy he vuelto a pensar en éso que le hace a uno escribir: siento un vacío que no comprendo como para poderlo llenar. No es Dios, no es inconformidad ante el trabajo o la escuela ni dolor físico. El dinero no ha sido nunca un fin, ha sido un medio, y no hace falta ahora. Cavilo un poco: me hace falta una alegría, quizás, vuelta a la carne para el corazón de este hombre de palo... o de oro, como en las leyendas mayas, de mundano barro.

19 jul 2012

Cirujano llantero

El Diablo Mayor y yo trajimos al viejo pero bien conservado Datsun a la vulcanizadora para sanar lo que le aqueja: se le escapa el aire por una llanta. Suelo de tierra, bodeguitas de madera... pero el orden reina aquí. Quizás Platón despreciaba los oficios manuales, pero una mente ordenada ha puesto aquí cada tronco, cada piedra grande que salte a la vista, las herramientas, una tina de agua y hasta una sala de espera a vuestra disposición, mientras se le da servicio a su coche y se le parcha la llanta... La razón de ser y su utilidad, le ha dado un lugar preciso en el taller a cada cosa. 

Se les da vuelta a las llantas de adelante para que el uso les gaste la otra orilla, otro modo de darles un segundo aire, de agotar las posibilidades (necesario no es, aún, comprar llantas nuevas: ahorre). Un oficio necesario, un hombre muy creativo, famoso en el lugar por hacer bien su trabajo... objeto de mi atención porque siendo uno de los mejores puede con ello ganarse la vida. Esta ciudad pequeña en la que nací y su pobreza.

Haciendo alarde de todo su arte, este inteligente y meticuloso señor nos platica sobre el ahorro de los gastos familiares, al tiempo que pone pacientemente un parche a la parte herida de la llanta. Mi padre le hace ver lo bien que trabaja, hace bromas y me dice: "están operando a la llanta"; el hombre simpatiza con él: "soy un cirujano llantero". El hombre nos platica sobre dos mecánicos de un taller contiguo: el padre y el hijo... la suerte que tuvo un carburador en las manos del padre, que a diferencia del hijo no le desahució: a los jóvenes, que "no han sufrido tanto como los viejos, se les hace fácil tirar a la basura antes que arreglar". 

Pienso en el profesor que conocí en la Universidad y su anécdota sobre Cuba: "Allí es un privilegio tener una computadora... y cuando se tiene, se le aprovecha del mejor modo posible. Por cada máquina se tiene una bitácora en la que aparece en qué horario puede usarle cada investigador". Se vuelve a pensar en ello, como cuando se voltea de nuevo la vista a aquél que se vio en la calle con la duda de si era quien creíamos al principio: sí, uno es afortunado por lo que posee.

La pobreza nos ha hecho creativos (a nosotros, comitecos) y aunque siempre existe la música de moda, las piezas románticas y las bailables, ni los músicos como el Diablo Mayor dejan de tocar los danzones, boleros y cha-cha-chás en cada una de las fiestas. Un modo de vida nos ha impuesto la pobreza, que aquí se esconde a la historia en la tradición para darle, cada que es posible, una segunda oportunidad.

21 jun 2012

Las raíces

Siempre llegamos a donde nos esperan. 
José Saramago

Las películas. Los viajes en el tiempo. No recuerdo en qué momento me surgió la duda que encauzó la búsqueda de la que ahora escribo (la historia de tu abuelo, niña de mi corazón, me motivó a recordar a los míos), quizás desde que una de las tantas historias que papá nos contaba al comedor, tuvo que ver con ello. Siempre le han gustado las sobremesas, platicar de 'la vida' (así, en toda su generalidad) con sus hijos. Entre más uno jalaba al hilo de las imágenes de lo que nos iba contando, más desenredaba él los detalles en las historias. Así, se nos aparecieron fantasmas, paisajes llenos de yerba, caminos a oscuras en que la terracería del suelo reflejaba la blancura de la luna, jarras con café, agua de chile, noches de llanto, pan de azúcar derretida en el canasto que colgaba del techo (a donde no alcanzaban a subir los ratones), desvelo y soledad de un niño que durante los cuentos veía en los propios una imagen y semejanza. La desesperación de mamá al no poder levantar la mesa y dejar la cocina tan pulcra como siempre le ha gustado verla.

La niñez de mi padre transcurrió entre muchas dificultades, pero le dejó en la piel una sensibilidad y noblezas terriblemente grandes. Un Comitán en sus ojos, que vieron muchos lugares y dejaron en él tanto qué decir, tanto qué contar. 

Un oficio: bolero. ¿Cuántas cosas no conoce una persona que le limpia los zapatos a la gente? Señalando con el dedo: aquí habían muchos árboles, los carros no pasaban por esta calle y en 'ésta' parte del parque proyectaban películas; los domingos siempre hubo gente en la iglesia, aquí vendían pozol, en el Mercado Viejo siempre han vendido atol. Le gustan las películas de vaqueros. Y cuando no llegaba el cine hasta él, él iba en su búsqueda cuando durante el día había ganado lo suficiente para comerse un salvadillo con temperante y pagar la entrada. Ya sabía que al llegar a casa recibiría regaños y golpes, pero bien valía la pena. Era la pobreza la que lo obligó a trabajar desde pequeño.

El trayecto a su casa, caminante insomne, también traía imágenes maravillosas: ésa subida hacia el barrio La Cueva no estaba pavimentada, así como se miran esos grandes terrenos baldíos (árboles y ramas por doquier, sin luz, sin un alma rondando por ellos), así se veía toda esa zona; había que seguir una vereda y 'ahí espantan'. El Chumis, ese árbol grande que ahora es el único vestigio de la yerba que hacía de las suyas, era una referencia, señal de que uno ya iba a llegar. El miedo nos llegaba cuando platicaba que en una de sus ramas, ya alta la noche, se aparecía la silueta de un hombre ahorcado, del que siempre hablaban los señores que por allí vivían. O aquél perro enorme que arrastraba una cadena, El Cadejo de las leyendas que también se escuchan en Guatemala... El charro alto sobre aquél caballo tan grande al que llaman Sombrerón. La omnipresente Llorona y su '¡ay, mis hijos!'.

Luego, eran frecuentes las remembranzas de su padre, el que bebía mucho y 'trabajaba' de albañil, el que se llamaba igual que nosotros dos: Rubén. 'Tu abuelito' nos decía, que tantas veces los corrió de casa con violencia a él, sus hermanos y su madre, el que de joven era muy fuerte y severo y violento. Abuelito Rubén, que nunca supo cuándo nació ni cómo, que hablaba de su madre, Abuelita Petrona, 'Abuelita Peto', y del padre desconocido, 'Conrado Águeda', así, sin diminutivos en el nombre, sin el 'abuelito', porque poco se sabía de él. Uno sentía curiosidad, entonces, por sus raíces: ¿quíen era el tal Conrado, el bisabuelo? Lo extraño fue que del lado de mamá, nada se sabe de los bisabuelos, porque la historia se va para Guatemala y no pudimos (o no hubo voluntad de) seguirla con mi madre... y el asunto terminaba allí, poco se hablaba al respecto. En cambio, Don Rubén (como le decía mamá a mi abuelo) platicaba que su padre fue 'un español', que había llegado a México junto con los telégrafos, que el apellido 'Águeda' venía por él.

No podía hacerse mucho en Comitán, nunca pude entrar al Archivo Municipal. Sin embargo, tras repetidas pláticas de papá sobre sus 'primos' que también llevan el apellido, hubiese sido extraño no toparme con uno de ellos. El encuentro llegó en uno de los concursos de Física de la preparatoria, en la Biblioteca Municipal. Ingeniero, de nombre Mario, preguntó por curiosidad sobre mis padres y mi abuelo. Conrado había tenido otro hijo con otra señora: Antonio. Papá nos había hablado de él como 'El tío Tono', y de los demás hermanos y medios hermanos de abuelito Rubén que alguna vez visitamos en Las Margaritas. El tío Tono no había sido más que una plática.

Frecuenté a Mario poco después (él es una especie de tío mío) y lo vi en pocas ocasiones. El motivo: las Matemáticas. No pude evitar preguntar dónde vivía mi tío-abuelo ni visitarlo. Seguí el camino que Mario me señaló y le encontré al viejecito tierno sentado en una banqueta. Poco elocuente, tímido, como yo era entonces, no hablé mucho con él. Recuerdo que quiso saber quién era mi padre, preguntó por su hermano: ¿cómo está Rubén? Tras un 'bien, lo visitamos cada poco tiempo', no se dijo más. Poco después me fuí de Chiapas.

Dejé relegado el asunto durante mucho tiempo. Ya en México, de nuevo por las Matemáticas y mi afición por la Historia y la Filosofía (y la necesidad de dinero), conseguí una beca en un Instituto de la Universidad, dedicado a estudios interdisciplinarios en Ciencias y Humanidades. Yo debía indagar sobre las posibles manifestaciones de la Física en México y terminé con un permiso (una credencial), guantes de látex y cubrebocas, para ingresar al Archivo General de la Nación. No fui competente para el trabajo que se me encomendó (porque poco a poco la curiosidad me alejó de la razón por la que fui enviado allí) y poco logré aprender durante el poco tiempo que estuve, pero me dejó experiencias invaluables.

Alojado en el Palacio de Lecumberri, caminar por sus pasillos, conocer a un historiador y platicar con él, escuchar sobre el oficio de quien hace la Historia (en este caso, la de México), fue fascinante. Los jardines que se miraban por las ventanas, el edificio enorme que algún tiempo fue una cárcel y que ahora alberga nuestra memoria en pedacitos, esperando a ser develada y organizada; la prisa de los investigadores que se disputaban los archivos a sus colegas, para leer algo antes que los demás y sacar conclusiones... y ganar en la publicación. Las cajas llenas de archivos que personal con batas azules colocaban frente a mí, con papeles acidificados por los años que había que tomar con demasiada delicadeza: telegramas en los que, durante el Porfiriato, se ordenaba a un ingeniero viajar lejos de la capital, porque se le necesitaba en la nueva estación de ferrocarril... rúbricas a pluma fuente y muy elaboradas, como las eran en esos años; sellos, grabados, tinta que ya no se veía, papel quebradizo. Fue fascinante. Si meter la mano en el baúl de doña Emilia era emocionante, hurgar en estos archivos fue toda una experiencia.

Decretos en los pasillos, los 'Sentimientos de la Nación' de Morelos en un vitral y otros tantos decretos expedidos por el señor a quien nunca lo movió el viento: Juárez. Uno podía perderse en aquella inmensidad, escudriñando en los propios recuerdos de los cursos de Historia de la primaria, construyendo para uno mismo imágenes de lo que la vida pudo haber significado, en vestidos muy adornados y trajes de levita con sombrero, en años anteriores. Frente a tanto pensamiento de ésos, tanta novedad, el asunto de mi 'bisabuelo español' no me había pasado por la cabeza.

Una mañana, frente al mostrador donde se debían dejar los objetos antes de ingresar, un señor ya entrado en años, muy alto, muy canoso y de piel clara, vestido de pantalón beige ligero, zapatos cafés y camisa blanca de puños recogidos a mitad del antebrazo, tras un '¿en qué le puedo servir?' de quien nos atendía, extendió un papelito: quisiera saber quién fue mi abuelo, éste era su nombre, ¿dónde puedo preguntar? El mostrador era pequeño y muchos investigadores iban llegando; había que hacerse a un lado para no estorbar. Yo, sorprendido por el suceso, bien abiertos los ojos y sin moverme, estaba estorbando el paso. Me alejé y no escuché lo que se le respondió al señor. Tengo un vago recuerdo y resbalo entre un: sólo puede acceder a los archivos con un permiso... y un: mi compañero lo atenderá. Un momento de lucidez me siguió camino a solas hacia la sala del catálogo: ¡aquí puedo averiguar quién fue mi bisabuelo! Y luego tres o cuatro días de búsqueda entre papeles y catálogos electrónicos: 'Ingrese palabra a buscar'... 'Conrado Águeda'... listas interminables de archivos en la pantalla en las que aparecía o Conrado o Águeda. El telegrama que menciono arriba, traía el nombre de un ingeniero de apellido Águeda, pero no se llamaba Conrado. Preguntas a los hombres de batas azules, respuestas vagas: no todo el archivo está catalogado electrónicamente. Búsquedas infructuosas, obsesión que me llevó a no presentar resultados del trabajo que se me encomendó. Fin de la licencia.

No he podido olvidar al señor bien vestido que preguntaba sobre su historia. Cavilaciones varias acerca de la pertenencia de uno a un país, sobre la necesidad de saber sobre el origen de uno, sobre por qué tiene uno esa necesidad, la fascinación por la Historia de México. Búsquedas en internet sobre mi primer apellido, el nombre de una virgen: Santa Águeda y un sitio entre Portugal y España con ese nombre. Otro tiempo largo hasta la escritura de estas anécdotas. Mis exámenes generales para acreditar la maestría dentro de quince días.

16 jun 2012

A.*

Durante los tres días que estuvo en Amsterdam se sintió completamente desorientado. El plano de la ciudad es circular (una serie de círculos concéntricos divididos por canales, salpicados por cientos de pequeños puentes, y conectados unos con otros de forma interminable), por lo cual uno no puede simplemente "seguir" una calle como en otras ciudades. Para ir a un sitio determinado, primero hay que saber exactamente cómo se llega allí. Al ser extranjero, A. no lo sabía y además sentía cierta reticencia a consultar el mapa. Llovió durante los tres días de su visita y él se pasó todo ese tiempo dando vueltas en círculos. A. advirtió que en comparación con Nueva York (o Nueva Amsterdam, como se complacía en llamarla tras su regreso), Amsterdam era una ciudad pequeña, cuyas calles sin duda podría memorizar en unos diez días. Pero incluso en el caso de que se desorientara, ¿no podría consultar a cualquier transeúnte? En teoría sí, pero lo cierto es que se sentía incapaz de hacerlo. Los desconocidos no le asustaban, ni tampoco le faltaban ganas de hablar. Era algo más sutil: dudaba en hablar inglés a los holandeses. En Amsterdam casi todo el mundo habla un inglés excelente, pero esa facilidad de comunicación lo intranquilizaba, como si pudiera despojar a la ciudad de su carácter de extranjera. No porque él buscara exotismo, sino porque le parecía que el lugar dejaba de ser el mismo, como si por el mero hecho de hablar inglés los holandeses negaran su propia identidad. Si hubiese estado seguro de que nadie le comprendía, no habría dudado en parar a cualquier extraño y hablarle en inglés, esforzándose por hacerse entender con palabras, gestos, muecas, etcétera. Pero tal como estaban las cosas, se sentía incapaz de privar a los holandeses de su identidad, a pesar de que ya hacía mucho tiempo que ellos mismos lo habían consentido. Por lo tanto no habló con nadie, anduvo sin rumbo, caminó en círculos y no hizo nada para evitar perderse. Más tarde se daría cuenta de que en más de una ocasión se había encontrado a pocos pasos de su destino, pero al no saber dónde girar, había caminado en la dirección opuesta, alejándose cada vez más del sitio adonde quería ir. Pensó que tal vez estuviera dando vueltas alrededor de los círculos del infierno, que la ciudad podría haber sido diseñada como modelo de ese otro mundo subterráneo, un modelo basado en una representación clásica de aquel lugar. Luego recordó que algunos especialistas del siglo dieciséis (por ejemplo, Cosme Rosselli en tu Thesaurus Artificiosae Memoriae, Venecia, 1579) habían usado diagramas del infierno para representar a los sistemas de la memoria. Y entonces advirtió que si Amsterdam era el infierno y el infierno era la memoria, tal vez tuviera sentido que se perdiera. Lejos de cualquier cosa que pudiera resultarle familiar, incapaz de descubrir ni siquiera un solo punto de referencia, descubrió que sus pasos, al no llevarlo a ninguna parte, lo conducían hacia el interior de sí mismo. Estaba haciendo un viaje interior, y se encontraba perdido, pero lejos de preocuparlo, esta idea se convirtió en fuente de felicidad y alborozo. Trató de imbuirse por entero de esta idea, como si tras acercarse a un conocimiento previamente secreto, pudiera llegarle hasta lo más profundo del alma; y entonces se dijo a sí mismo, con un tono casi triunfante: Estoy perdido.

*Paul Auster. El libro de la Memoria, en La Invención de la Soledad.

18 may 2012

Propositivo

Tu ausencia me ha dejado frente a mí: virtudes... deseos... inquietudes... trampas para sí... desesperaciones. Hay que tomar el toro por los cuernos, establecer una moral y mirar el lado bueno de todas las cosas: la ausencia de tu brazo me ha dejado frente a mí mismo, en una lucha cruel, en la que un 'yo' contra otro 'yo' se despedazan y se reconstruyen, se destruyen y se regeneran... Me has dejado en una lucha en la que, inevitablemente (al conocer otra parte de mí mismo, terrenos inexplorados, oscuridad sin luz) ganaré yo. 

12 may 2012

Reflejo


"Y me hundo en mí mismo y no me toco."
O. Paz, Espejo


Mi carne como caja de cartón en la que se guarda lo que soy, como me han escrito. Sentado a un café y con la vista allá, hacia donde comienza la calle, desde donde vine de y por donde volveré a casa. ¿Qué debo hacer?, ¿qué es lo que soy capaz de hacer?, ¿qué se me tiene permitido pedir y esperar?... No, no, la pregunta correcta es: ¿por qué me siento así?

Un suspiro profundo en la oscuridad de mi mar: decido no hundirme y hacer como quien camina sobre las aguas, como advirtiendo un pensamiento terrible, reduciéndolo a simple pesadilla para no voltear hacia él de nuevo. Me ignoro. Hoy no quiero hurgar en el sufrimiento, estoy cansado. Prefiero la paz.

31 ene 2012

Las dos edades


La lluvia en un lugar seco como éste tiene que ser una bendición... y que sea de noche debe serlo aún más. Dormir arrullado por la lluvia es como estarse en el pecho de mamá en un sillón, o de mano de papá entre el lucerío y alboroto de una feria. Es  como recordar las raíces, como no haberse alejado nunca del lugar en que se nació. 

Traer en el pensamiento un poco de la tierra de donde uno es ha de ser lo mejor de todo, porque pueden tenerse dos edades al mismo tiempo. Esta noche también tengo cinco años y estoy, como entonces, en el portón de mi casa viendo las gotitas romperse en los charcos, sintiendo el frío de Comitán, oliendo a tierra mojada.

6 dic 2011

Su amor por él es recursivo

... pero no quiso explicar aquí todo lo que le hizo sentir y todo lo que significó para él. No había de gastar energías en el "decir", cuando podía "saborear"... que no se habla con la boca llena.

Estos momentos tan sublimes en la vida son escasos (flor entre la yerba, dijo... polen en la flor, corrigió) como para dejarlos ir en las patas de las abejas o las mariposas.