Cuaderno de sentimientos diabólicos
varios, propios y ajenos,
en este constante pedalear por la vida...



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2 mar 2014

La ausencia de Luz


2.03.2014
5.35 hrs.

No hay luz en mi cuadra y el diablo se pasea por las ventanas. Tienta a las muchachas, a los jóvenes, a todo aquél que en este pueblo "bicicletero" dice tener moral el día sábado, va a emborracharse a la fiesta en el salón de la esquina e irá a misa hoy domingo. (Hoy, porque ya dan las 5 de la mañana)


El diablo en la oscuridad, viendo la calle apenas iluminada por las lámparas de las habitaciones de enfrente, en que quizás se desviste, para dormir después de bailar, una muchacha.

No sabe de Dios, ni de fulgores sin placer, no se encamina a una salvación: es el demonio, es dueño de sí, es real. Mítico animal del medioevo el que ronda mi casa, la noche del día primero del mes de marzo, mes en que saldrá el sol y su despeinado rayo, a partir de unas horas.

Me alegra la oscuridad, con Luz, con la intuición de Luz (nombre y suceso, materia y acción). No me interesa el diablo por calle La Paz, ni lo que haga con nadie allá afuera. Me interesa O., "la que ayuda", la que hoy me llena, porque me ha mandado, enviado, besos. Hoy tengo los besos de O. Hoy tengo luz, pese a la negra calle, en mi cuarto.

Y soy más feliz, muy feliz, más alegre que el propio Diablo. 

14 feb 2014

Onírico


Ya son dos noches consecutivas que yo la sueño, Llorona... no he de decirle la manera, pero sí la posible explicación: quizás sollozamos (¿usted o yo?) por nuestros hijos... los de su espíritu y el mío... los que tal vez se están muriendo, sin que del todo hallan nacido.

Ya sabe usted: el amor frustrado de esta vida mía, vida veloz en los sentimientos... y todas esas cosas, "melcocha" del corazón...

12 feb 2014

Para vos, que ya te vas...


Los adioses sin tiempo.

Escrito con paciencia y sin enfado. Diciéndomelo con el café y a las 5 de la tarde... y mi conflicto es que es de mí de quien te despides... tú, que te vas... y que soy yo, ahora, quien se queda. Ante la persistente idea de que también debo salir de aquí, escapar de esta prisión, huir, hacer algo más con la vida, siento tu partida como abandono ("tu abandono", le llamo entonces). 

En las entrañas del sentimiento está la espera de tu regreso. Se queda quien desea que vuelvas... Y no quiero éso para mí, no quiero esperarte. Lo he decidido, pues: yo no me estoy quedando aquí.

7 ene 2014

Comodidad


No te involucres. Báñate de la ilusión de tomar el control con la indiferencia, fingiendo ignorar... Ante tus ojos es lo más inteligente... ante los míos, la salida cobarde. Brinca por el río de piedra en piedra, no te hundas en ninguna, termina el viaje diciendo que no conociste el mar, ni el río, ni nadaste. Mira las llamas a lo lejos, merodea en torno al fuego, no te darán calor, no llegarás a quemarte...

Quédate atada a tu silla. No habrá ni claridad de sol en agua, ni amor ni fuego que te deslumbre, que te arrulle entre sus brazos, que llegue a consumirte. Quédate en el lugar cómodo, el lugar común, de no vivir tus sentimientos... de no vivir en ningún sentimiento... no vivas en mí, pobre es tu espíritu: no me quieras... mucho menos me ames.

Quédate allí, lejos, sin verme. Mírame y no me toques. Tócame y no me beses. Bésame los labios una noche y olvida al día siguiente lo que haces. Golpea las botellas de celos... y no me hables.

Sigue tu senda sin saber quién soy, sin lo minúsculo de mi corazón, es despreciable... No habrás tenido conmigo vivencia qué contar, nunca digas qué sientes por mí... y mañana, hermosa, tu imagen frente al espejo: el tiempo no vuelve.

No vivas tus sentimientos, piedra filosofal, no vivas con éso que ya llevas ahí: no vivas conmigo, no prefieras mi hombro en la calle... no averigües cómo es extrañar mi olor, esperarme. Vive cómoda... allí donde no vives... Nunca duermas en mi pecho: vive cómoda, muerte de espíritu, en los brazos de nadie.

30 dic 2013

Fin de año


"Nunca había sentido tanto frío..." Al decirlo, uno duda de si no es acaso la vehemencia del suceso lo que le está nublando la memoria. ¿Cómo comparar algo que se siente con el recuerdo de lo que se ha sentido?

Uno se lo explica a sí mismo y, al hacerlo, quitamos el molde, lo llevamos a otro lado... y a uno se le escapa una analogía (aunque, por tanto, resulta una posible mentira): "A nadie había querido tanto como a ella"... Nube de pensamiento, araña de cristal colgando del techo, el viento golpeando entre sí los delicados péndulos... pequeños chasquidos, un trinar, al poner juntas las piezas que antes no lo estaban... el frío... y el amor... Y digo mentira, porque ésto que se siente es distinto... y también fuerte. Tengo edad y experiencia para saber que es amor. Amor, fuerte y persistente, como el frío.

El frío y el amor. ¿Podrá haber sido tan frío su corazón?... ¿Ninguna de mis palabras conmovió un poco su corazón?...

Como todas las noches junto al cansancio, untado en la piel como el calor de un fogón, se da al traste con las dudas (de otro modo, no le dejan a uno dormir). Hasta que uno se mete a la cama todo es claro, es decir, es la incertidumbre la que causa inquietud: ¡me voy a dormir!, sin tener ni la más remota idea de dónde hará más frío, si aquí en mi casa o en el corazón de esa mujer.

26 nov 2013

Comparaciones


Borges decía, ya siendo adulto, que prefería las mañanas, a diferencia del Borges joven, que siempre gustó de los atardeceres. Hoy tengo las mismas preferencias, voy detrás del mismo afán, aunque como los perros tras los carros. No he podido evitar desasosegarme:
                         no estoy tan adulto... 
ni soy Borges.


19 oct 2013

Conversaciones ajenas


- Elegí a Rosario Castellanos por ti. Citándola, "Poesía no eres tú".
- ¡Por supuesto que  no!... Soy una elegante prosa.

16 oct 2013

Cinismo


Me gustan los miércoles. El trabajo me recibe más tarde, despierto habiendo dormido mejor y el café desde temprano sabe a un "esta mañana es mía"... puedo estudiar. Salgo a la tienda y no se ven los ataúdes de la funeraria de al lado, porque no abren. Tampoco trabajan en el negocio de vísceras, no tengo que aguantarme la respiración al pasar, ni espantarme las moscas... Los miércoles no fumo ni me quedo dormido en el escritorio, sinceramente. 

Me siento alegre en el ombligo de la semana, como le gusta decir a mi madre. Los miércoles ni siquiera pienso en tí.


6 oct 2013

"Somos gente seria"


Despierto en domingo, muy temprano, antes que todos, se abren los libros, la enciclopedia recién adquirida (una imagen particular en el tomo de química, o el de historia, quizás el de literatura, junto a la puerta que mira al patio, que tiene el arriate, que tiene un limonero y limones verdes), se escucha la primera luz del día, del silencio en las calles, del asfalto quizás recién mojado, de este inicio grisáceo-azulado de domingo, del terreno baldío frente a la casa, tras las ventanas que casi son todo el muro, de mis 15 o 16, quizás 17 años.

Mi madre era la primera en despertar, porque su hijo estaba ya despierto y había que desayunar. Siempre lamenté hacer un ruido de más: un rechinar fuerte de la cama, quejido de la madera, ruido de la puerta. Me gustaba la sensación de seguridad a las 7 de la mañana, del sueño de mis padres y mis hermanos, actitud que he tenido siempre a quien he querido: vivir, permanecer, ser sin molestar, hacerme sin perturbar, velar un sueño... o varios. 

Ah, el "antes de irme de casa".

Y luego la vida fuera, las maletas y las ligeras cargas (unas mudas de ropa, unos libros, el despertador)... y la pesada carga de emociones. Vuelvo al aquí, al ahora: ¿en qué momento me extravié?, ¿cuándo dejé de ser yo mismo?

Las explicaciones tornan desde la nobleza hasta la falta de cariño. Dejé pasar a la gente con lodo en las botas a la casa de mi espíritu y se me dijo que vivía sucio. Me dijeron algo que yo no era y les creí. Quizás me haya dejado sin consuelo, sin una raíz o lugar propio, la separación de mis padres. Quizás hay mucho qué superar. Aunque aún no tengo claro qué hacer (receta de cocina, algoritmo, procedimiento a seguir), he vuelto a encontrarme a mí mismo. Fotografía del muchacho cargado de sueños, todavía vive en mí. Fortaleza antes que melancolía, determinación antes que compasión. Los años no pasan en vano.

Dicho en tono de broma (a medias), el señor que es mi amigo y otro señor, yo, decíamos: "somos gente seria". Yo era una persona seria, más que ahora. Árbol a cuyo tallo hay que amarrarle una varilla para que crezca derecho hacia el sol, uno requiere disciplina, trabajo, otra vez determinación.

Necesito seguirme viendo al espejo.

11 sept 2013

Me gustan mis ojeras

El leve color azul bajo mis ojos. Me digo: aprendo a trabajar, me renuevo. Otra vez estoy siendo yo, me gano a mí mismo mucho terreno. Otra vez los sonidos de la oscuridad: el viento por las ventanas, la gotera en el baño, el café azucarado en mi tacita humeante. Estoy de buen ánimo.

Nunca imaginé la vida así, hay mucho en ella que me gusta (no todo, no siempre me conformo). Los objetivos son claros, pero la vida es quien va dictando el método. La vida que se impone, la realidad que siempre nos manda. Quizás esté más abierta la mente.

A paso firme, viaje a pie, el del filósofo. Uno le debe mucho a su oficio como para no procurarle.

27 ago 2013

Delicado

He vuelto a soñar un transplante de corazón. Lo presencié ahora en otra persona. Un hombre en un quirófano, con los ojos (ventanas a las entrañas) abiertos y misericordiosos. Luego, la desconexión de su corazón, esa carne frágil y delicada que lo mantenía con vida... y la muerte temporal sucediéndole al caer de sus párpados.

Y la carne nueva, un latir distinto, volvía a abrírselos. Minúsculas gotas de sangre le brotaban por el cristalino y se dilataban de nuevo cada una de sus pupilas. Me sorprendía sobremanera su renacer.

Y él, quizás ya consciente de nuevo, nunca volteaba los ojos hacia mí, como al principio. No advertía mi presencia.

Desperté pensando en la fragilidad de la vida humana. En la fragilidad de mi vida.

31 jul 2013

Necesidad de Dios

Siempre pensé que había perdido la fe... la que de niño me movía a cerrar los ojos en la cama y encomendar el alma y el cuerpo a cualquier cosa que éso fuera: fuerza invisible, voluntad inalcanzable y suprema... la deidad, lo más grande. La había dejado en el camino.

Hoy (y quizás gracias a "Él", a la suerte, a las circunstancias, a la ramera fortuna) ellos dos están vivos y casi sanos... pueden contar la historia, como nos gusta decir. Pero el susto. Ante tal susto, hoy sentí necesidad de Él, de Dios... y le acepté... y le agradecí... sin pensarlo un instante. Me vi a mí mismo como cuando tuve fe.

El egocéntrico piensa que quizás sólo soy un poco más fuerte que los demás, fortaleza que yace en otra filosofía. Dentro de ese pensamiento, el prudente, que sólo un poco. A su vez, el del centro dice que talvez los "sustos" me repiten los arcaísmos de mi fe, que quizás la fe no fue completamente perdida... un antepasado de mi alma, antepasado aún visible en los huesos fosilizados. Al final, el observador todo lo piensa y lo reúne. El que recibe todo al final, abstrae y construye... arma y pega para la posteridad. Todos somos uno mismo. Siempre lo hemos sido. Lo seguimos siendo...

(aunque a varios kilómetros) junto a ellos dos... los del inicio.


Gracias a Dios.

13 jun 2013

La niña en la banqueta...

con la mochila hasta los aparejos y un cuaderno en las manos, de ésos con los que le mandan a uno al catecismo, a rayas, lleno de garabatos a lápiz. Su madre, señora gorda que no cabe en el espacio pequeño que camina la niña y debe bajarse a la acera, regañándola:

- ¡Tienes que aprender a hacer bien los números!

¿Yo?, viéndolas pasar, poniéndome el saco que sí me queda: Don Rubén, señor matemático, usted también tiene que aprender a hacer bien los números.

31 may 2013

La independencia de las ciudades

Nuevas notas sin orden ni brillo, divagaciones de siempre.
Mayo de 2013.


Largas conversaciones con amigos, conocidos, amantes, compañeros, novias, personajes circunstanciales de mi vida, familiares... y hasta con el hombre recién rasurado que soy, con todo y los residuos de espuma de afeitar en las orejas, han terminado en un "la vida es más grande que todo". Ulises lo decía siempre, a partir de hoy ha tomado para mí un más profundo significado.

Quizás el dormir la noche en una sola pieza, ponga a hervir lo que ha estado latente en la cabeza tanto tiempo y deje en el pocillo éste de barro lucidez, una suerte de sedimento calientito, como la panela de Tzimol.

La vida trasciende las ciudades. Mis ciudades. Imágenes de las cosas que pensé en la mañana.

23 may 2013

Johny tocó la puerta...


Quería ver si había alguien en casa y vino a devolverme las cobijas, colchonetas y almohadas que le presté cuando recién llegaron su esposa y sus hijos. Había dejado de ocuparlas, decía. Aquí están, muchas gracias.

Le invité a pasar. Después de dejar las cosas en la cama y salir de nuevo la puerta, se detuvo para observar el pobre arriate, con las plantas tan secas como sólo mi descuido podían haberlas dejado así.

- Dejaste que se secaran.

Me dijo. Y yo entre toda mi maraña de pensamientos, entre todas las dificultades que ahora vivo. No importa lo que le respondí. El caso es que ninguna otra frase tan pequeña y tan certera como la que salió de su boca, había definido lo que pienso desde hace algunos días acerca de algunas de mis ilusiones.



16 may 2013

La caja de juguetes

¡Buenas! Esta será una canción feliz: he vuelto a hallar mis juguetes.

Me gusta el candor de la noche, este humo de café recién tostado que me hace toser. Puede que llueva… hace poco ha llovido.

¡Venga!, vamos a bailar con esta canción, póngala a todo volumen. Sonría, le viene bien el pilates a las mejillas: 1, 2, 3… 1, 2, 3… ¡estire! Fíjese: el corazón de Neruda tenía 4 costados cuando era feliz*, ¡el mío tiene 6 caras! Cubito que vibra con las trompetas, siento gusto al sonreír. Yo también tengo derecho a sentirme más inmenso que el mundo que abraza cada pájaro con sus alas.

¡Anda! Pongamos a Sinatra a cantar You are the sunshine of my life y dediquémosla a ella, género femenino, caprichos de mujer: la vida. La vida, que es inmensa, que está en todas partes y que morirá conmigo: ella.

¡Órale!, vamos a cerrar los ojos y a brincar sobre la cama… que me niego a ser una lima y a amagarme con los golpes. Quiero ser un fruto gordo, jugoso, colorido e inmenso como las sandías.

¡Mamá, soy feliz!, otra vez he hallado cada idea feliz. Me siento como cuando papá me devolvió la caja, la que yo había olvidado en la mudanza, con mis juguetes.


* Pablo Neruda. Oda al día feliz.

10 may 2013

Viernes social


Los sentimientos fugaces, los que surgen y pronto se evaporan en el viento. Ésos, los que no perduran. Es común tenerlos aquí el viernes. El viernes, en que la liberación del espíritu (quiero pensarlo de ese modo) es ajonjolí de todos los moles, porque muchos salen del negocio, de la escuela, del oficio o inician otra parranda... Hoy es día para alegrarse, para aventar el uniforme, el saco, los tacones, la falda o el traje, soltarse el pelo o peinarse... Salen a las calles y se agolpan unos con otros, pero nadie se ofende: es viernes. Es viernes, ¡a comer!, salimos del trabajo, ¡a bailar!... ¡gracias a Dios es viernes!... a beber o a besar... a caminarse uno junto a su pareja, a los hijos (los hijos que a ratos caminamos el mismo sendero que los padres)... la tarde romanticona, ¡por fin es viernes!

En casa, en la pequeña ciudad en que nací, los viernes eran un día más de trabajo. De ahí me sorpresa por los viernes de las otras personas en las otras ciudades: el viernes podía pensarse de otro modo. La soledad, entonces, le hacía a uno travesuras y desde hace tiempo sufro los viernes. Los sufro al salir de la escuela, al no ser yo parte de esa masa amorfa y jubilosa en las calles. Aumentando el peso en los hombros, sale a mi encuentro en cada esquina, con todo y su vestido de fiesta, su zapato boleado... en las subidas.

(Le digo bajito: hay que beber chocolate, porque los viernes es más amargo el café.)

Es por éso que hoy no subiré a mi habitación, no a la mesa con los libros en que reposan las madrugadas los ojos. No sufriré este viernes, este viernes no. Hoy dejaré de ser el observador del estanque y, desnudo, me lanzaré a él... voy a incluirme en las masas amorfas que sonríen. ¡Al demonio las elecciones propias!, al diablo este pensarse diferente. Hoy me echo un clavado en el viernes.

Viernes: ¡ahí te voy!

28 abr 2013

El viejo amargo


¿De qué sirve al hombre ganar el mundo
si pierde su alma?

Blaise Pascal


I

Necesitaba un lugar donde vivir y había visto el anuncio junto a su puerta: "Se renta cuarto". La casa y la calle-travesía hacia ella me hizo pensar desde el principio en los pavimentos de la colonia en la que yo vivía cuando niño. Azul polvorienta la fachada, un portón beige carcomido por los años prometía un fresco pasillo-cochera a través del que se llegaba al claro del centro del edificio... y al cuarto.

- Mil cuatrocientos pesos. Sin mascotas, sin niños. El baño es compartido.

Subía por una escalera de metal negro hacia el cuarto prometido. Un cuarto de 2 piezas, una puerta, suelo de cemento, una ventana pequeña. No podía verse llover. La luz del sol que lograba sortear la diferencia de alturas entre mi cuarto y el edificio de enfrente, casi moría en los cristales viejos de aquella ventana.

No se negocia con la necesidad, ésa con la que acepté el trato y pagué 2 meses por adelantado. La necesidad, que otras veces había vuelto el asunto un alarde de creatividad.

La llegada de la cama, la mesa, los estantes de plástico y los libros, fue genial. Cada rincón y pared establecidos se ocupaban con fines útiles y sin enfado. Una escoba, los libros desempacados, ¿por qué no una cortina?; esta última de colores fuertes, alegres y vivos forma de plantas, para la tristeza de la ventana. La puerta casi siempre abierta para la luz-salud de los ojos... y el polvo, sobreviviente eterno de cada mano diligente, de todas las escobas del mundo.

II

Se comenzaba con la vida a las 8 de la mañana, por las obligaciones que yo tenía. Uno bajaba por aquellas escaleras y al ruido hallaba a don Antonio, viejo, hombre de rasgos duros, moreno, con dificultades para moverse. Intentaba ser cordial desde la entrada de su casa, ahí abajo:

- Buenos días, joven.
- ¡Buenos días, señor Antonio! Nos vemos por la tarde.

La casa de uno siempre es reflejo del alma, o al menos de alguna faceta de ella. En éso siempre pensaba cada rechinar del portón a la salida, en que salía con las imágenes de aquella casa oscura y triste y demás translúcidos pensamientos. El alma de don Antonio era triste. Triste cuando me enseñaba a usar el cubo de agua para el baño (su énfasis, que rayaba en lo ridículo, en ahorrar el agua); triste, cuando subía con dificultad hacia mi puerta; oscura, de la oscuridad de la que salía siempre por las mañanas; tacaña, siempre que de sus labios recibía yo una amonestación por la luz en mi imposible ventana a las 2 de la mañana, gastada, según su visión, en vano.

Había sido un hombre muy pobre y muy sólo. Lo advertí desde que apenas se ponía él sobre los hombros la confianza para hablarme de su vida. Lo advertí, porque en él me había visto a mí mismo.

Afanado por el control, se molestaba al yo no hacer las cosas con la precisión que él esperaba. Mi modo de vida fue una especie de aberración a su modo de ver el mundo y ardía en coraje al ver que tenía yo mis razones para continuar, así, con ella. Erraba al pensar que una de ellas era el yo querer contrariarlo.

Cada tarde, sentado ante mi mesa, abierta la cortina y la ventana de cataratas, le veía cruzar por el pasillo en la segunda planta, subir la escalera de madera al lado del baño y revisar el tinaco. Absorto en mis papeles, mis números, mis líneas de texto o los pensamientos vagos, no siempre le veía sino hasta que llegaba al techo. Me llamaban la atención su lentitud, parsimonia y terquedad, su falta de aliento.

Fue solamente una la vez en que aparté la vista del papel y le ví salir de su casa, subir hacia mí, saludarme en su paso por mi ventana, y olvidarse de mí cuando revisaba el tinaco. Sólo entonces me permití pensar en él. Nos pensé, a él y a mí, en su soledad, en su ser testarudo y su vejez... y me sentí miserable.

III

Cierto era que olvidaba mi casa y la dejaba atrás en el camino la habitación, a don Antonio y la maraña de pensamientos. Pero a ratos, camino de regreso, le hallaba al viejo en su bicicleta de panadero, dirigiéndose a ningún lugar, pensaba. Porque aunque fuese al mandado a pagar la luz, a comprar una manguera nueva o por cualquiera de los enseres domésticos, ningún escenario físico le habría de cambiar el alma, si la tenía marchita. Dicen los físicos que el movimiento involucra un cambio de posición y no hay cambio aparente en el mundo, cambio de posición para el alma, si se tiene negra e inmutable.

IV

Comenzaron las lluvias y su capacidad de poner todo en relieve en el paisaje subsanaba, como siempre, las ausencias en mi corazón. Pero el viejo, amargo, sufría el frío y los residuos de tierra y polvo que la bendición caída del cielo dejaba en los depósitos de agua. Así, no sólo su casa era una cueva oscura con goteras en la entrada, también lo era el sitio ignoto en el que ardía, apenas dando luz, la minúscula llama de su espíritu.

No era raro, pues, pensar en por que no había a su lado una mujer (no estaba tan viejo), aunque tampoco sabía si la partida de otra había sido lo que acaso causara tal erosión en su corazón.

Mi "terco" modo de vida y su persistencia por controlarla tendría 2 consecuencias: que considerara largarme un buen día de ésos... e, inevitablemente, una discusión, una disputa.

Decidí apegarme a la primera, sólo después de la segunda. No la tengo presente ahora con pelos y señales, sólo recuerdo en esa disputa una acusación que dolió.

Yo había llegado hacia la medianoche el día anterior, es cierto, pero mis pensamientos no tenían otro par de pies que hicieran ruido de pasos en las escaleras de metal. El viejo se enardeció porque creyó que esa noche yo había dormido en casa con una bella mujer (aunque, en esos días, ciertamente yo me enamoraba de una). Juraba haber escuchado 2 pares de pies. Yo sostenía que no y era la verdad. Después de recorrer ambos con las emociones una que otra montaña, trepar desde las simas y mantener el aliento en las mesetas, caí en la cuenta que su coraje hacia mí no era el engaño, como quiso hacerme creer, sino que yo (alguien a quien él ya detestaba) tenía algo en mi vida que él no: la hermosa compañía de una mujer. La envidia puede ser una declaración de inferioridad,* pero él no sabía (ni tampoco se lo hice ver) que mi dolor era porque, curiosamente, tampoco podía tenerla yo.


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*"La envidia es una declaración de inferioridad". Napoleón.

25 abr 2013

Cello, piano y violín

¿Cómo reír el llanto? El llanto que se presume insípido, pero sabe amargo... que le sube a uno por un pulmón, hace estallar los ojos y se aloja como mala yerba, trepa el alma de uno, perfora el corazón como gusano, le pudre, le envejece, le arruga, le destiempla... ¡veneno! Y no puede sentir ya el frío o el calor, le embarra la sal del sudor, del cansancio surgido en vano, le escupió la entrada (la sal, que es el mal agüero, premonición de desgracias, escoba detrás de la puerta).

Quisiera reírme, pero me voy; quiero morirme, que el suelo negro en sus entrañas me guarde, salgan hacia ella como raíces mis las entrañas de un tirón, que así me duerma... velar yo mismo el sueño de mis ojos 5 años y despertar. Evaporarme. Llover con las nubes este abril y por todas partes esparcirme. Ser gota de rocío, hervir con el sol y volver al cielo. Quisiera reírme, que no llorar, pero no puedo. 

Y no es posible, me digo, que ya no tenga lágrimas qué reír, no más buena cara al mal tiempo. Ya no las
tiene tampoco mi tristeza. Y siento, duele el pecho del aún existo, del sigo siendo carne, hueso que en polvo ha de volver a la tierra. 

Y los porqués, las razones, los malditos profundos pensamientos. Vuelvo de la calle hasta mi cama, sin moverme de aquí, y sigo despierto. La flor que yo tenía se secó en la maceta, la tierra se agrietó en cada jardín y no creo en los milagros como para pensar en su resurrección, o que vuelva. La flor dejó de ser flor, pedazos que el viento se lleva. Y la planta es mi alma en un cristal, viéndose a sí misma, sin tocarse, alma viéndose a través de ella, sin llanto se seca.

Me siento triste, tengo rabia, dolor: no puedo llorar. Me traigo, sentimientos sin tragar, un tumor en el pecho. Me bebo el agua y el café, me restriego los ojos (podría pararme de cabeza, exprimirme los pelos, picar con un alfiler el corazón), pero no puedo. Y lágrimas que no salen de ningún lado no se pueden reír, menos llorar, ni uno irse así, vapor de agua, al cielo. 

"Si al menos hubiese visto llover", pienso. Me busco en idea feliz, alguna felicidad en la que yo oía ladrar los perros... cello, piano y violín... ya no te quiero.

23 abr 2013

Fíjense en los árboles...

los que yacen a la orilla de los ríos: grandes, fuertes, orgullosos... como no lo son los de las zonas urbanas. Y uno lo piensa un momento: es el agua, que corre al lado de ellos... o ellos, que se pusieron al lado del agua.

Permítase las analogías, desátele del pescuezo a la imaginación cabeza-de-perro la longaniza con la que  en la mañana le amarró: ¿de qué se alimentó uno para ser lo que se es (poco o mucho, suficiente)? ¿Al lado de qué fogón se fue uno a sentar?

Sólo de mí puedo hablar. Creo que ha de ser el café. Porque podría faltar qué comer en casa, pero solamente cuando el café se acaba es que comienzo a sentirme miserable.