Cuaderno de sentimientos diabólicos
varios, propios y ajenos,
en este constante pedalear por la vida...



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30 dic 2013

Fin de año


"Nunca había sentido tanto frío..." Al decirlo, uno duda de si no es acaso la vehemencia del suceso lo que le está nublando la memoria. ¿Cómo comparar algo que se siente con el recuerdo de lo que se ha sentido?

Uno se lo explica a sí mismo y, al hacerlo, quitamos el molde, lo llevamos a otro lado... y a uno se le escapa una analogía (aunque, por tanto, resulta una posible mentira): "A nadie había querido tanto como a ella"... Nube de pensamiento, araña de cristal colgando del techo, el viento golpeando entre sí los delicados péndulos... pequeños chasquidos, un trinar, al poner juntas las piezas que antes no lo estaban... el frío... y el amor... Y digo mentira, porque ésto que se siente es distinto... y también fuerte. Tengo edad y experiencia para saber que es amor. Amor, fuerte y persistente, como el frío.

El frío y el amor. ¿Podrá haber sido tan frío su corazón?... ¿Ninguna de mis palabras conmovió un poco su corazón?...

Como todas las noches junto al cansancio, untado en la piel como el calor de un fogón, se da al traste con las dudas (de otro modo, no le dejan a uno dormir). Hasta que uno se mete a la cama todo es claro, es decir, es la incertidumbre la que causa inquietud: ¡me voy a dormir!, sin tener ni la más remota idea de dónde hará más frío, si aquí en mi casa o en el corazón de esa mujer.

21 may 2013

Ignorancia

Pronto me iré de aquí.

Tengo muchos sueños en varios lados, como botellas en la ciudad el borracho del cuento de Petrovic.

¡Qué ibas a saber tú de mis sueños!

31 ene 2012

Las dos edades


La lluvia en un lugar seco como éste tiene que ser una bendición... y que sea de noche debe serlo aún más. Dormir arrullado por la lluvia es como estarse en el pecho de mamá en un sillón, o de mano de papá entre el lucerío y alboroto de una feria. Es  como recordar las raíces, como no haberse alejado nunca del lugar en que se nació. 

Traer en el pensamiento un poco de la tierra de donde uno es ha de ser lo mejor de todo, porque pueden tenerse dos edades al mismo tiempo. Esta noche también tengo cinco años y estoy, como entonces, en el portón de mi casa viendo las gotitas romperse en los charcos, sintiendo el frío de Comitán, oliendo a tierra mojada.

10 nov 2011

¡Buenos días!

Mira, hoy amaneció nublado... ¡Señora de la tienda, buen día! Buen día, balcón de ella (Ella, que ya se habrá ido... Ella, mujer-no-sé-don-de-es-tás, buen día). Buenos días señor conductor del autobús: sí, aquí están, 3 pesos. Buenos días, señorita acompañante. Señora, se le cayó el ramo de flores... Pase, no se preocupe, buenos días. ¡Que bajan atrás! De nada, buen día. Buenos días calles de piedra, Cuévano y su cañada, buenos días cuestas arriba y tu Sol de pellizco sobre los cerros. Me bajo en Valenciana, sí, señor, gracias... ¡tenga bonito día! ¿Cómo está, señor de las macetas?... ¡qué bonito gato!... se me hace tarde, ¡buenos días! Ah, qué camino fatigoso... ¡señor vigilante!, ¡buenos días! ¡Qué onda, Memo!, ¡quiubo chamacos!... voy por café, ahorita les veo. ¡Hola, señora, buenos días!: hoy sí me ganó en poner el café... Voy a clases, disfrute el desayuno, ¡buenos días! Buen día, Prof... ¿trajo los exámenes? ¡Ah, qué bien!... Sorbo de café, buenos días. Valores propios, una clase muy agradable, ¡ah qué buenos chistes!... el cubículo, los estresados, los inquietos (para ellos también uno desea, felices trazos, geómetras, bonito día)... ¿y mi examen? Buen día gato de El Cafetal... ¡Me detengo!...

¿Gato aquí?, ¿El Cafetal?...

Buenos días, señor despertar apresurado. Adiós, señor sueño homogeneizante de todas las cosas. ¡Caray, ojos restregados! Buenos días, señor despertador. Buenos días. ¡Me lleva la chinita, compadre! Otra vez se me hizo tarde. ¿Cuándo he de entender que debo acostarme temprano?

30 oct 2011

A medianoche*

A medianoche, a punto de terminar agosto, pienso con tristeza en las hojas que caen de los calendarios incesantemente. Me siento el árbol de los calendarios.

Cada día, hijo mío, que se va para siempre, me deja preguntándome: si es huérfano el que pierde un padre, si es viudo el que ha perdido la esposa, ¿cómo se llama el que pierde un hijo?, ¿cómo, el que pierde el tiempo? Y si yo mismo soy el tiempo, ¿cómo he de llamarme, si me pierdo a mi mismo?

El día y la noche, no el lunes ni el martes, ni agosto ni septiembre; el día y la noche son la única medida de nuestra duración. Existir es durar, abrir los ojos y cerrarlos.

A estas horas, todas las noches, para siempre, yo soy el que ha perdido el día. (Aunque sienta que, igual que sube la fruta por las ramas del durazno, está subiendo, en el corazón de estas horas, el amanecer).

* Jaime Sabines. Diario semanario y poemas en prosa (1961)

9 oct 2011

Buenas noches

Buenas noches. Ah, no, con signos de admiración: ¡buenas noches! Hablando sólo de buenos sentimientos (los que no hacen daño a nadie), siempre da gusto dar las buenas noches. Sea de viva voz, de frente, al teléfono, de pasadita o de beso... Así se despide uno en la oscuridad, bajo una lámpara incandescente, entre dos, entre muchos, a solas. Buenas noches: el deseo de siempre otorgado con humanidad, por cortesía, ¿por educación?, porque se aprecia... o porque simplemente (o alegremente) se le desean al otro (a uno) buenas noches.

Así es que usted se ha despedido de mí: buenas noches (no es raro pensar en ello, viene cayendo desde quién sabe dónde, hoy, aquí, la noche). Buenas noches. Y yo pienso en la pequeña (pequeñita, chiquitita) ansiedad que me deja su ausencia... y coloco mi pensamiento entre los dos: señorita (desconocida y linda señorita), buenas noches.

Me voy todo el camino pensándole (uno gusta en pensarle, ya que idealizar no es bueno, no la idealizo), saboreando las deseadas, las otorgadas, buenas noches. Porque después de hallarla uno tiene buenas noches, yo quiero verle, hablarle, usar muchos verbos para nuestras acciones, conocerle mediante la palabra, robarme su brazo, señorita, observarla mientras camina, mezclar las aguas de nuestros ríos, ¿llegar juntos al mar?... transitar por aquí (por allá) a su lado, pues. Quiero hacer algo (hacerlo todo) para que me abra la puerta de su vida, templar su corazón, treparme al balcón de las imágenes que tienen sus ojos todos los días... serle de apoyo (cuando lo necesite), dejarla ser. Y después, quizás, hurgar en su pecho, anclarla en el mío, porque vaya dándose cuenta (y porque podemos, porque nos gusta construir) que ya somos más que su nombre y mi tinta con un número telefónico en una servilleta.

24 sept 2011

La guitarra, el Día de La Independencia

Salió a escena: chiquito, menudo, simpático. Tocó un concierto para guitarra de Carlos Ponce. Terminó. Se levantó del asiento, descansó los brazos... y aplaudimos. Levantando la voz, agradeció efusivamente el reencuentro con sus viejos amigos de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato, a quienes hacía años no veía. Habló de las fiestras patrias (¡vivan los héroes que nos dieron días inhábiles!), el motivo del concierto, la razón de la elección del compositor de esa noche. Se refirió a una canción popular mexicana, la misma que gustaba en tocar a sus compañeros hasta cuando viajaban en autobús (sí, sí, los mismos de la Orquesta), la misma que tocaría, en unos instantes, distinguidos asistentes, para nosotros... a propósito del Día de la Independencia, gracias por el cariño y sus aplausos. 

En posición la guitarra, en silencio los allí presentes, comenzó. Distinguí las primeras notas, recordé las líneas de los versos: 

"Por unos ojazos negros
igual que penas de amores..."

Era 'Un viejo amor', una canción añeja que yo tocaba a mi madre cuando aprendía en el piano a los 16 años, junto a ella, mientras ella cosía y yo la veía con la cinta para medir colgando de la piel clara en su cuello. No haré el cuento largo: sin perturbar a los de al lado, me eché a llorar. El guitarrista (¡músico cabrón!) había pellizcado mi corazón... dejó que se me pasara el empacho y del escenario, después incluso de haber tocado 'Asturias', se fue. 

Y así, ¡canijo el de la guitarra!, ¡pinche Día de la Independencia!... muy sonrientes llegaron, melancólico me pusieron, sin ser capaz de defenderme me hicieron la travesura los desgraciados... y, sin más, se fueron. 

27 abr 2011

Festejos y elegías


Llenos de insomnio tengo esta noche los ojos, tristeza con pegamento en el pecho y el mismo problema de siempre: mal de amores. No me acongojo... Al contrario, me alegra. Ya bien sabía que poner el corazón en el brillo de las cosas (mi amor hacia ti, mujer) puede dejar dolor, puede hacer sufrir. Yo lo sabía. Y te sufro con paciencia, definitivamente. Si no fuese porque me contradigo, diría que te sufro con gusto: la pena también es parte de vivir. La ausencia de tu cuerpo, de su perfume y de una de tus palabras me es, pues, soportable como dolor de rodilla tras el golpe: mientras cala, se sabe que ha de pasar. Te extraño sobremanera, no lo imaginas, y necesidad de ti fue lo único que recogí de tu calle esta noche, de necesidad de ti se me llena a media luz este frágil (y por tanto, maldito) corazón.

Y sí, te quiero. ¿Qué otra razón tendría yo para buscarte así? Imagina, pues, lo feliz que me hará verte de nuevo... "mirarse en la claridad de tus ojos", como te mandé decir por la mañana. ¿El quererte no es, así, suficiente para alegrarse y sentirse vivo?

Si yo pudiera morder la tierra toda*
y sentirle el sabor sería más feliz por un momento...
Pero no siempre quiero ser feliz
es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural...
No todo es días de sol
y la lluvia cuando falta mucho, se pide.
Por eso tomo la infelicidad con la felicidad.
Naturalmente como quien no se extraña
con que existan montañas y planicies y que haya rocas y hierbas...
Lo que es necesario es ser natural y calmado en la felicidad o en la
infelicidad.
Sentir como quien mira. Pensar como quien anda,
y cuando se ha de morir,
Recordar que el día muere y que el poniente
es bello y es bella la noche que queda.
Así es y así sea.

*Fernando Pessoa.

23 mar 2011

A Doña Alma

¡Cómo la extraño, señora! Ya le quiero ver, quiero enviarle los besos intermitentes que siempre sentí necesidad de darle a sus mejillas, de los que se me llenó ya este más de un año que no me veo en la claridad de sus ojos (la hermosa claridad de sus ojos).

¡Cómo te extraño, madre! No sólo el invierno es buen tiempo para volver a tu casa. Ahora mismo inicio la cuenta regresiva, vamos (alegremente y con tu añoranza) deshojando el calendario.

Dos amantes

Bajo la ventana, la noche es cómplice de dos amantes. Yo tan solo los observo: la cercanía de la caricia, el calor del abrazo, la luz escasa dentro de los ojos de ambos... los vericuetos inconfundibles de este señor disfrazado de cariño, que todos sabemos que es el amor. El amor, el amor... hoy el sol llegó muy de mañana, antes de las siete. Hoy, desde muy temprano, empecé a pensar otra vez en el amor.

16 may 2010

A una desconocida

Noches enteras en este cuarto a obscuras en que pienso en ti. La satisfacción de imaginarte silente, extraviada en tus propios sueños, bajo el recorrido intermitente de mis ojos sobre tu rostro, con mi mano derecha en tu tibia mejilla, mis labios en tu frente morena. Conmigo, en nuestra cama, la tristeza de no advertir tus ojos. Afuera, la lluvia que enfría este aire y que me hace hundir mi rostro entre tus senos, respirarte, rogar por el cobijo de tus brazos, tus hermosos y delgados dedos en mi pecho, muy cerca de mi corazón.
Noches enteras en este cuarto a obscuras en que pienso en ti, sin saber cómo lidiar con los pensamientos recurrentes, como la estupidez de sentir esta necesidad de ti que me hará buscarte… depositaria del amor ahora frustrado, objeto de un amor hermoso y grande, mujer de silueta ignorada, a quien yo adoro tanto, con este cariño que ahora dejo perdido sin ti.
Que no estás, que aquí no hay nadie, es parte del engaño, porque basta girar este control del tiempo hacia la derecha para llegar a ti. Porque es cuestión de días (semanas, años) sentir tu vientre. Pero esta noche, en este cuarto a obscuras, cargar todo este amor y prescindir de él es como desperdiciar las energías, como la filigrana hecha tan sólo para observarla y luego tirarla a la basura. Tener todo este amor aquí es como para morirse de vergüenza.
¿Por qué necesito tu imagen, tu nombre?, ¿por qué un cuerpo, el soplo divino que es tu vida, para esta idea (tan sólo una idea) que eres en mi? ¿Por qué no he hallado ni un rastro de ti? No pido tanto, creo, sólo que aparezcas y entonces tengan sentido mi amor, mis textos, los pensamientos abandonados al viento y el calor de mi cuerpo esta noche… No pido tanto, nada más una mujer con esta ropa a la medida que soy en el frío y gris maniquí.
Y siento curiosidad, por cómo sería tu compañía, por cómo celebraré ese encuentro entre tu vida y la mía… en cómo será el hijo que tendremos en abril, o en mayo… para que guste tanto de los días llorosos (quise decir, lluviosos) como yo… Y al articular estas palabras, ¿de qué forma me seguirá diciendo la gente casada: no sabes lo que dices? ¿Cómo se es yo con una pareja y un hijo así?
Tan sólo sigo en este cuarto y su adjetivo: obscuro, con su noche entera, pensando en ti. ¿Cómo decirte todo esto, mujer imaginaria, mujer desconocida?, ¿cómo se le dice “te quiero” a alguien que (aun) no está?

9 may 2010

De la paciencia

Aquí no se oye el canto de las ranas, los que tanto esperaba la señora de los cuentos (cuando niño) para poder dormir. La ciudad le queda muy ajustada a la oscuridad y, a la fuerza, ni los zapatos entran. Aquí cada noche cantan los grillos (cuando quieren), guarda silencio mi casa (si no hay insomnio en la cabeza de alguno de nosotros), se suceden los amores allá afuera (cuando son buenos), mis pupilas se dilatan tantito y los gatos se pasean, gritan y pelean sobre mi barda... Aquí las noches son extrañas, la gente casi no duerme al mismo tiempo y, a largos ratos, no ladran los perros. A la señora noche no le gusta la monotonía... y hay noches de sábado, como ésta, en que no deja a ninguno de mis vecinos hacer fiestas. La señora noche se divierte más que yo, pero no sabe que la contemplo... y sé que se espera todo el día (todo, completo) sólo para sentir todas estas cosas hacerle cosquillas (lo sé, no me lo ha dicho, pero lo intuyo). Al principio creí que estaba loca, que se sentía incómoda con un vestido de ciudad como el de ésta, en la que el cuerpo se le desparrama. Estuve por gritarle: ¡estaba más chico el difunto!, cuando advertí sus razones. Comprendí que ella y el señor día no son compatibles ("sólo cabe uno de los dos en este pueblo", como se dicen los matones en los westerns). Cada uno espera a que el otro se esconda para salir y yo soy en esta historia el tercero excluido.
La señora noche me ha dejado una enseñanza de vida: si ella espera el día para sentir todas estas cosas sencillas, ¿por qué la oscuridad de mi corazón no ha de esperar la luz de tus ojos o un hervor de tu sangre para mí? Y entonces se me ocurren un par de ideas locas, un par de travesuras que me voy dando valor de hacer bajo tu puerta (sí, es amenaza). Me harán feliz estas locuras, porque son de aquellas inquietudes que siempre me han hecho ser consciente del animal hiperactivo y taciturno que cargo en el pecho: el corazón. Esperaré a la señora noche para hacerlas, o quizás la madrugada para no estar entre el fuego cruzado del sol y la luna. Y si logro mover alguna fibra tuya, algún trocito de piel sensible... me daré por bien servido... Si no, ¡qué más da!, me habré sentido bien de soltarme el chongo un rato.

3 may 2010

Antes de medianoche

De nuevo esta ansiedad que no me deja sentarme en paz. Y ahora es por este encierro de 10 días. La vida puede tornarse tan monótona, tan vacía, llena de trabajo (quizás, el poco que he hecho este tiempo) pero tan… vacía. Tan vacía. Cómo quiero que pase algo, que de verdad sane y pueda salir, que deje de hacer tanto calor, que alguno de estos bellos días en verdad me emocione el hecho de entrar a la maestría (porque no mueve ni una fibra sensible de mi corazón). Tal vez necesite amar a alguien, amar de verdad, enamorarme… pero casi siempre han despreciado mi corazón... quizás salir de la ciudad, tal vez visitar a papá o a mamá, escalar una montaña, recoger la bicicleta y perderme en ella, emprender un proyecto… no sé… Quiero volver a dar clases, quiero estar tan ocupado que no tenga tiempo ni de pensar siquiera, que me acepten en letras hispánicas, llevar un aburrido curso de maestría que ponga horario y un poco más de orden a mis días, quizás algún deporte, ¿por qué no el gimnasio?... Yo necesito salir de aquí… me estoy marchitando poco a poco y sin querer.
No tengo muchos medios al alcance, pero hay días (noches) en que no sé qué hacer con tanta fuerza en el corazón, en que no sé cómo emplear los ímpetus. Hay noches amargas en que tengo tantas ansias de salir a la calle, de pasármela descalzo y despeinado, de no usar los anteojos, de correr sin rumbo y hasta cansarme... noches en que tento tantas ganas de vivir... y no puedo.

22 abr 2010

Las flores de mayo


Que a cada rato me quejo: sí, puede ser... Que siempre me abro la chamarra y dejo ver mis sentimientos a quien no los quiere oír: talvez... Pero hay mucho de todo ello que me he guardado para mí y esta noche, el corazón lo tengo lleno, rebosante, de alegría... ¿Por qué? Lo escribiré en general y será como decir nada: enderecé mi camino otra vez, es una razón... cuando llego al dos mi corazón ha hallado la depositaria ideal... al hablar del tres, se aparece la promesa de un bolsillo remendado y no tan vacío... me brinco el cuatro, porque siempre ha estado allí... y al doblar el dedo pulgar (el quinto), la fecha de entrega del borrador de la tesis se fijó. Mucho (porque no me atrevo a decir: ¡todo!) depende ahora de mí... con muy pocos factores externos... este fin de semana no pediré más, un futuro de promesas (si bien, no realidades) ha de venir... ¡Soy tan feliz!

¡Qué lindas ideas tengo esta noche en la cabeza!... Serán mis flores de mayo, después de tanto color derramado este mes de abril.

30 mar 2010

La vida sigue igual...

dice una canción, aunque no es cierto para mí. Aquél a quien le gustaban las Matemáticas, el chamaco que se decía con la facilidad para ellas, al que no le importó aislarse del mundo, privarse de muchos aspectos emocionantes en su vida para trabajar... lo he buscado mucho dentro de mí y sigo sin encontrarlo. Peor aún, siento que todo ello ha sido un engaño.

Es difícil la situación en la que la contemplación de la vida de la gente allá afuera, bajo la ventana, en la calle, me pone. Es tan distinta a lo que yo conozco, a la idea que tenía de mi vida, mis planes a futuro. La gente se casa, las mujeres cargan con sus hijos, los matrimonios trabajan... se persigue el dinero (con justas razones) y me da por pensar: ¿qué tan feliz sería yo con una familia? Desde chico quise siempre una familia, quise ser profesor. Pero he perdido la fe.

Siempre me gustó la escuela, siempre. La prefería a estar en mi propia casa. Por lo mismo, fuí "bueno" a decir de mis padres y profesores y aduladores y envidiosos y hermanos... y calificaciones. No me jacto de ello porque ahora veo que todo fue un engaño, no porque yo no fuese bueno (éso sigo creyéndolo, pese a todo, "bueno" entendido como la aptitud para hacer las cosas), sino porque vivía en un mundo de fantasía, al que me escapaba para poder decir que era feliz. Y, digo, de fantasía, porque mientras yo me quemaba las pestañas tratando de hacer cuentas interminables (lo que, según yo, eran matemáticas, ¡desgraciada mala educación!), mis amigos jugaban fútbol, trabajaban, besaban a las muchachas, manejaban el auto viejo de sus padres, se perdían entre la yerba, salían con sus amigos... Ellos se fascinaban con su propia vida, mientras yo gustaba de leer las vidas imaginarias en las novelas. Recordarlo aún me da tristeza.

La Universidad ha sido (y éstas son palabras muy mías de hace, quizás, un año) lo mejor que me ha sucedido en la vida. Y aquí es donde el problema se torna grave: me creo mi propia mentira. Por supuesto que han habido satisfacciones, muchas y muy hermosas. La universidad fue una oportunidad maravillosa, lo sé, lo siento hasta en el tuétano, pero ha significado aguantarse el hambre y el sueño durante algunos años... ha sido igual a posponer el estudio por la preocupación de lo que habría de comer mañana. Vengo a sentirlo justo ahora que mi tesis está a más de la mitad, que estoy al final de este camino. Y siento coraje.

A menudo estoy ya cansado, sin las ganas de abordar los libros que antaño quería devorar. Entrar a la Biblioteca de la facultad era sentirse ansioso, abrir mucho los ojos, desesperarse por no manejar tan bien el inglés como yo hubiese querido, para entender teorías, conceptos... Ahora me siento viejo para ello. ¡Qué curioso!, yo que tenía aspiraciones tan altas.

Mis amigos dicen que esta crisis le sucede a todos en algún momento de su vida. Y voy recordando lo que aquélla señora, casi al salir de la preparatoria donde mal-estudié, donde sólo me quitaron el tiempo, me dijo: ¿ya pensaste bien que éso quieres estudiar?, mira que es una actividad muy absorbente. Me sorprendió que alguien como ella (como yo en aquél entonces, como todos, para quienes el mundo era el parque central de Comitán) me lo dijera. Mas luego miré mi propia vida y no vacilé en decir: sí, ya lo decidí. Mi propia vida, ¡ja! Mi vida no era más que mi cuarto con un montón de libros de los años 60's, una lámpara y un escritorio pegado a la ventana grande, donde siempre me gustó ver llover. No me sirve de mucho, ahora. Tanto era mi desvelo, mi obstinación, que varias veces papá, sin anunciarse, entraba a la habitación y me extendía la mano con algo de dinero: para que te compres algo, para que salgas con alguna muchacha... Yo sólo reía.

El diciembre pasado estuve en Chiapas y la noche más memorable fue junto a la fuente del parque central y con Toño Neutrón (le apodamos así, era el más listo de los que estudiaban para Técnico Laboratorista Clínico). Ambos coincidimos: si pudiésemos repetir el tiempo, repasar la vida, pediríamos iniciar la preparatoria de nuevo. Él ahora trabaja en una empresa farmacéutica, no le va mal. A mí me pagan de 30 a 50 míseros pesos por una hora de clase... donde me dejan, pero donde no, es porque debo estar titulado, aunque las cosas no cambian mucho: 70 pesos por hora.

En fin, mañana será otro día. Será curioso ver lo que el desánimo le hace a uno escribir.

18 mar 2010

La luz por la ventana


Y acabo de comprenderlo: tu ausencia, mujer, me dejó conmigo mismo (y mira que ello tiene mucho significado, imágenes, destellos que se agolpan en mi mente y que no me dejan escribir sobre ellos, como si todo yo me ocupara en contemplarlos sin poder hacer más). Me dejaste conmigo mismo mujer (yo solito, frente al espejo) y éso es como para brincar de nuevo en la cama, como para advertir las fuerzas de mis piernas jóvenes corriendo sobre el asfalto y contra el viento... es como posarse ante una ventana con flores, como para mirar la Luna de reojo y decirle a los niños: es mío ése conejo.

(A propósito de contemplaciones, de la Épsilon desvelada, del café caliente y la primavera incipiente.)

6 mar 2010

La pluma veloz

Esta noche nos vamos a la cama temprano, me llevo conmigo todos los sueños y mis fantasmas. Punto.

3 mar 2010

Divagaciones

Tengo sueño: dos palabras que se repiten como claxon de carro en mi cabeza a cada que despego los ojos del libro. Los ojos empiezan a hincharse, a cerrarse así más gruesos. Le sigue un suspiro, un reclamo del cuerpo... ¿Cómo es que ahí hace sol y aquí yo debo encender la lámpara del escritorio? ¿Cómo es que en el muro que divide la vigilia del sueño uno no sabe qué lado es cuál? Llegan sueños etéreos en sus barcas de cartón, pendiendo de hilos de seda, esperanzas colgando de un hilo, la mano de la realidad los sostiene, mano de agua, gotas de agua callendo desde abajo hacia el techo, fondo del estanque negro, el reflejo de ella: narciso escuchando el llanto, alarido de recién nacido, grito de gato en la otra acera, suspiro de hombre viejo, oscuridad derramada sobre la azotea... Ahí hace sol, el que refleja la luna, aquí yo debo encender mi lámpara.
¿Dónde estoy, entonces?, ¿cómo estoy?, ¿qué soy? diluido en humo de tabaco, hecho ácido negro en un café... y, otra vez, ¡tengo sueño! Cada minuto un cadáver del trozo de realidad que yo traía en hombros. Me pesa la ropa, me estorba el cabello (¡qué ternura!, ahora pienso en sus cabellos). No soporto el peso de la realidad: la suelto, la veo alejarse en la ventana, bailar bajo las saetas de lluvia, me abandono al sueño. Ahí, el perro con trompa de alcatraz, con dientes en los ojos, dientes que se hincan en mi mano y que me regresan a este mi lugar, a la luz de la lámpara-farol, en casa. Despierto. Qué hermosa sería esta última acción junto de ella.
Y así despierto vuelvo a soñar, con los ojos bien abiertos, para que cuando los párpados caigan de nuevo, del otro lado del muro de la vigilia esté ella, única manera de tenerla, así, aquí... y no como ahora, tan lejos.

Memoria

Estoy aquí, en la casa, a solas.
Aquí están los muebles, el aire, los ruidos.
Tengo un sentimiento tan transparente
como el vidrio de una ventana.
Es como la ventana enq ue miraba la nieve al amanecer,
hace muchos años, cuando era niño,
y pegaba la cara contra el cristal y comprendía toda la vida.
Es un deseo en calma, como la tarde.
Es estar como están todas las cosas.
Tener mi sitio como todo lo que está en la casa.
Perdurar el tiempo que sea, como las cosas.

No ser más ni mejor que ellas.
Sólo ser, en medio de mi vida,
parte del silencio de todas las cosas.

(Carlos Montemayor)

28 feb 2010

Imaginario: la conciencia transparente

Sus manos frías, delgadas, hermosas... dedos de porcelana, voz de mujer, su brazo junto del mío, su nariz afilada, sus dulces ojos negros, su cabello, sus caderas... y hasta allí: mi corazón exhaltado. Las malas clases que he dado, la paga ausente, la maldita tesis en el tintero, las discusiones silenciosas (sí, leyó bien, las hay) con Diego. El cumpleaños de Julio y lo agradable de su persona, la cerveza y el desvelo, la computadora averiada de Mauricio, el Diablo sin su bicicleta. Se me va la vida y me golpea el tiempo la cara como el aire de hoy por la tarde.
El cansancio es el de todos los días, mas hoy no trae fastidio. Hoy se termina el fin de semana: el final del final... fin y término, dos palabras que anuncian al lunes y que inquietan mi cuerpo, incitándome a dormir. Quiero más tiempo, aún tiene la taza un poco de café. Hoy me soporto a mí mismo. Hoy me alegro, fatigadamente.
¿En mi mente?: unas obligaciones menos no me vendrían mal, un poquito más de organización evitaría los lamentos escritos, una pizca de calma haría bien a mi estómago, con dormir a mis horas disfrutaría mejor los días soleados, las tardes radiantes, las hojas sueltas de los árboles y el crepúsculo naranja como el de hoy, al lado de ella... Y me voy diciendo que desempolvar el entusiasmo por la vida (como hoy) sería sano, que no debería sentir vergüenza de abrir el pecho y mostrar la parte translúcida de mi conciencia, de dibujar estos sentimentos en mi cara... me digo que ella está en mi mente y así no es capaz de verme en la realidad, que el amor de ella en mí no existe (aún). Mujer imaginaria, no escribiré más cosas que sólo son para mí.
No puedo deshacerme de los cuervos que rondan mi cabeza, no hay día que las cosas del mundo impriman su nombre en mi corazón y me hagan pensar la realidad a mi manera. No hay momento en que viva en una realidad imaginaria, tan parecida a los sueños, tan distante de mi piel, tan muerta como cada botón en mi camisa. La realidad es una, distinta a la que yace dentro de mi burbuja de cristal. Y el acertijo es: ¿dónde está ella?
Como quiero una conciencia transparente para navidad, el atardecer de hoy voy a guardarlo en las entrañas, y porque no volteé a verlo más que cuando despegaba los ojos del reflejo de ella sobre el ventanal, porque tantas emociones no caben ya en mi pecho, ni lo dejan sanar. Ningún momento simbolizó mejor que éste el fin de semana: ella en el ventanal.
Dos minutos y medio dura esta interpretación de Chopin... y ya no he de repetirla. En la taza dejó de haber café y la tinta de mis dedos escribe letras que se desvanecen. Me voy a la cama, poseedora de otra realidad (también imaginaria), a esperar que el sol regrese, como todos los días, a calentar mis anhelos.


El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario
De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios
Todas las tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios
Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario
(Nicanor Parra)

27 feb 2010

Ojos negros

Estuvieron así, cerca de mí, viéndome desde su profundidad esos ojos negros. Dos noches han pasado sin que pueda olvidarlos. Todo este tiempo, he memorizado sus rizos, las formas de sus cabellos, cascada de agua oscura, oscura, profunda... profunda como sus ojos. He visto su silueta perderse en la oscuridad, pero no me he permitido sentirme enamorado. No me doblegaré tan pronto, no sería sano... Aunque estoy alegre de haber acariciado sus manos.