Cuaderno de sentimientos diabólicos
varios, propios y ajenos,
en este constante pedalear por la vida...
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13 abr 2014
Impaciencia
(Del latín impatientĭa).
f. Intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar.
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Diccionario ideológico
12 feb 2014
La botella de Klein
Dícese de la mujer que sueña tanto y tan a menudo, que tiende ella misma hacia sus sueños. Asomada al pozo de esos repetidos mundos ideales, se mira a los ojos en el agua... en el fondo, acaricia su bella nariz de agua con las pestañas. Sucede siempre en la noche de sus esperanzas. Duerme tan cerca de ellos (de sus sueños) que a ratos, sólo a ratos, se sueña a sí misma.
A decir de mi amigo, uno no termina su obra hasta que pertenece a ella. Ella se dibuja en un lienzo (el de sus sueños) a sí misma. Ella, la mujer, comete el error de Narciso: preferir su imagen, a su propia realidad.
7 ene 2014
Comodidad
No te involucres. Báñate de la ilusión de tomar el control con la indiferencia, fingiendo ignorar... Ante tus ojos es lo más inteligente... ante los míos, la salida cobarde. Brinca por el río de piedra en piedra, no te hundas en ninguna, termina el viaje diciendo que no conociste el mar, ni el río, ni nadaste. Mira las llamas a lo lejos, merodea en torno al fuego, no te darán calor, no llegarás a quemarte...Quédate atada a tu silla. No habrá ni claridad de sol en agua, ni amor ni fuego que te deslumbre, que te arrulle entre sus brazos, que llegue a consumirte. Quédate en el lugar cómodo, el lugar común, de no vivir tus sentimientos... de no vivir en ningún sentimiento... no vivas en mí, pobre es tu espíritu: no me quieras... mucho menos me ames.
Quédate allí, lejos, sin verme. Mírame y no me toques. Tócame y no me beses. Bésame los labios una noche y olvida al día siguiente lo que haces. Golpea las botellas de celos... y no me hables.
Sigue tu senda sin saber quién soy, sin lo minúsculo de mi corazón, es despreciable... No habrás tenido conmigo vivencia qué contar, nunca digas qué sientes por mí... y mañana, hermosa, tu imagen frente al espejo: el tiempo no vuelve.
No vivas tus sentimientos, piedra filosofal, no vivas con éso que ya llevas ahí: no vivas conmigo, no prefieras mi hombro en la calle... no averigües cómo es extrañar mi olor, esperarme. Vive cómoda... allí donde no vives... Nunca duermas en mi pecho: vive cómoda, muerte de espíritu, en los brazos de nadie.
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Diccionario ideológico
20 nov 2013
Patrones emergentes
El camino que lleva a casa. Las mañanas que cada ocasión se antojan distintas. Pero el ajetreo de los pies de los señores que, sigilosos, van a hacer desde temprano todos los mandados del mundo. Suéteres y perfumes recientes, cabellos aún mojados, manos frías... el café y su cabrón escándalo a cada nariz (a todas) antojándosenos. Una mañana, pues, que me trajo la nostalgia de la ciudad, los recuerdos de otros amaneceres menos ordinarios en los que también se precisaba volver a casa.
Hoy fue preciso volver a casa... temprano (a uno se le hace tan tarde que vuelve a ser temprano) y bajarse, hombre común, en cuaquier parada del camión, desde cualquier asiento de ese camión cualquiera, conducido por un hombre ordinario, tosco, efímero... un día de noviembre, un día cualquiera. Camine por la plaza principal de este rancho cualquiera, recuerde los elotes en bolsita que no vende nadie (no tendrían qué estarlo sólo porque Gotitas de agua esté en mi cabeza... es muy temprano), y allá donde se ven los anhelos de su corazón (señor Diablo), junto a la Parroquia, contra esquina a sus pesares, frente a su agotamiento, tome el mismo sendero que lo lleva a casa: calle La Paz... una retorcida casualidad de esta vida de la que ya estoy cansado.
Hospitales, automóviles algo caros de los médicos, vestíbulos limpios y olorosos a pasillo de hospital... doble la esquina, calle de la amargura y la zona de las funerarias, los traficantes del hueso de manzana escupido al suelo que es el cuerpo de uno, ya viejo y sin el alma. Como quien avanza en el tiempo del primero enfermo y ahora encerrado, se llega al Panteón.
Las vías del tren, emulando a Caronte, y yo sin un sólo óbulo... El Diablo casi ha llegado a su casa. Redención, purgatorio, vida después de la vida, está mi casa, pasando aquellos campos de flores marchitas, de recuerdos apagados. "Prolongación La Paz", una mala jugada del destino... o una premonición muy hija de la chingada.
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Elegías
19 oct 2013
Conversaciones ajenas
- Elegí a Rosario Castellanos por ti. Citándola, "Poesía no eres tú".
- ¡Por supuesto que no!... Soy una elegante prosa.
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Anecdotario,
Diccionario ideológico
23 feb 2013
El tres
Tres tristes tigres, los tres chiflados, la santísima trinidad, los tres reyes magos, valimos tres pelones, los tres mosqueteros, tres strikes y ¡ponchado!, la tercera es la vecinda, la resurrección al tercer día, el principio del tercero excluído, ¡a la una-dos-tres!, tres pesos de tripa de gato, un trío pa' los boleros, la canasta de 3 puntos... la avena 3 minutos, el cinturón de orión... el cielo oscuro a las 3 de la mañana y lo mucho que, en las 3 sílabas del sentimiento hacia tí, que te
ex
tra
ño.
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23 oct 2012
Están arreglando la calle
Los libros y la oficina no son la realidad, no un pizarrón, mi trabajo ni el desvelo... la pobreza de mi espíritu, el abandono en el que me he puesto, ni el pájaro que desde temprano se mece en el árbol de la izquierda. No lo son el color de esta casa que no es la mía, ni la gata ni la ventana, no este extraño sol de octubre. Ni siquiera lo son las románticas espigas del pasto ni mi corazón palpitante. Es la calle. La calle que descansa en los ojos, con su glorieta y sus hombres llenos de grasa de automóvil en los talleres, el señor de overol empolvado (¿un minero?) encendiendo su cigarro y clavando en mis ojos los suyos sin mirarme. Los murmullos mutados en gritos de los niños de la primaria por la que uno pasa. Las señoras que preguntan por los requisitos a las maestras y en las que mis esperanzas me hacen verme años más adelante. El ronronear gigantezco del camión que lleva concreto fresco... los empedrados que recién se elaboran, el "reventón" para fijar las pautas del nuevo pavimento... las carnicerías y sus moscas, las frutas en los estantes... la tortillería en que estoy, con su letrero de "se solicita muchacha", y la nueva dependienta que aún no aprende a despachar con habilidad. El olor de las tiendas de plástico, las señoras que limpian las banquetas. El viento omnipotente levantando los manteles.
Tanta realidad por los ojos. El vicio de pensarlo todo. La lechada de concreto sobre el empedrado y me siento culpable de haber despertado tarde, entre tanta gente que trabaja. El cigarro suelto que acabo de comprar y el señor de la tienda que seguramente abrió temprano. Tu mamá y su tienda de abarrotes. Tu cuñado y el albañil que guía a la máquina que tira el cemento por los canales. ¡Mi mente arrastrada!, inoportuna, haciéndome sentir como gota de agua en aceite caliente... Ya no había pensado en tí, que como yo, vienes de un pueblo sencillo, en que mis padres también alimentaron mi boca de un oficio honrado y humilde, como los tuyos... en que a ratos no nos queda el andar orgulloso... que no va contigo tanta maldita soberbia. Tú y yo, mujer, pertenecemos a un pueblo pobre, a una calle como ésta... ¡Con una chingada!, de ahí venimos. ¿Por qué, pues, tanto desgraciado orgullo?, ¿por qué no un poquito de humildad?
Regresando a casa hay que encender el tabaco, beber el café... sentirse afortunado con lo que se tiene, ser agradecido con el oficio que uno eligió, cultivarlo después de desayunar... seguir con la vida. La vida, mujer, que es la realidad y se impone (a nosotros se nos impuso la nuestra)... esta bicicleta en la que hay que seguir caminando, para no caerse.
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Enchilado
28 sept 2012
El camino más largo...
¿Cuál es el camino más largo?
Cualquier camino es el más largo
cuando van los pies y el corazón no va.
Alejandro Jodorowsky
Miro mi casa y mis cosas, mi vida y mi trabajo, imagino los empedrados de estas agradables calles (las de allá afuera), las casitas de colores y sus ventanas de papel volando, el pasto frente a la ventana, una luz tierna sobre los cristales que no pudieron cubrir las ramas... este lugar colonial... Te veo a ti (imaginaria)... o al recuerdo que en este instante tengo de ti (remembranza de un pensamiento) y una verdad (de las que lo son no por su lógica, sino porque se sienten): no quiero irme. Si alguna vez me fui, de otra ciudad, lo hice con esperanza, estoicismo y paciencia; me despedí como debió ser, dije adiós a quien lo mereciera y seguí.
Hoy no quiero dejar la vida a medias.
He cavilado al respecto: me falta juventud (¿en serio?), estoy un tanto cansado de las mudanzas (¿de huir o de seguir?) y no establecerme... las cosas del mundo y de la vida que he querido hasta esta edad me piden que me quede... en algún momento pensé en quedarme un rato aquí.
Pienso (incluido el diablo en las cosas susceptibles de ser pensadas: me pienso): todo ésto "son diabluras", porque yo lo he creado. Lo hecho no habrá de hacerme a mí, lo construido con mis manos, porque seguiré teniendo vida; artesanía, puede repetirse...
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El hombre en el espejo,
Elegías
30 jul 2012
No es sólo la gente que pasa
No sé si todo deba tener un punto de partida, un centro. Un observador siempre lo es; un observador se torna interesante cuando además de posar los ojos en el mundo, puede cerrarlos y observarse a sí mismo. Éste es el caso. Yo, el centro del universo. Yo, un observador interesante.
Debajo de mí, una banca y bajo la banca el suelo, piedra de un parque; sobre la piedra agujeros rodeados de tabique; en cada agujero tierra y un árbol real, con hojas y raíces. Y la sombra de uno de ellos sobre mí. El niño que hace mandados (un poco de arroz, quizás, azúcar... tal vez un kilo de tortillas), en bicicleta (¡otro diablo, otro diablo!), una paloma queriendo llamar mi atención junto a mis pies, dos pares de muchachas cargando cada uno un colchón. La pareja tras el árbol que me hace sombra, ella llorando (como yo anoche). Hay allí una tristeza, ¿desesperación?, ¿desconsuelo?... otra alma -dirías- otra alma que se seca. La sospecha de un anciano, por los sonidos muy espaciados de su lento caminar. Los niños que cruzan la plaza de Mexiamora, la sobrinita y la tía... y las migajas a las palomas. La música vieja y triste de quien atiende la miscelánea frente a la que pasan novios despreocupados (pláticas sobre lo fuerte que está el sol, preocupaciones sobre el dinero, anhelos futuros, amor, esperanza). El sol por todas partes, la fachada beige con verde de aquella casa a la que apenas y le cabe la puerta. Ventanas cerradas, balcones sin macetas, sin novia que los use ni novio que aviente, a ellos, piedritas.
Nadie voltea a verme: yo, el centro, el distinguido porque escribe, no porque alguien que no soy yo me observa. Una pluma de ave flotando, arrastrándose, flotando otra vez y moviéndose en círculos... la presencia del viento. Hojas secas e inquietas.
No es sólo la gente que pasa, o el sitio éste y sus detalles en que a cada rato descansan los ojos. No son los gritos de los niños en la casa de atrás, la aldaba que sufre y gime al abrirse su puerta, o las conversaciones entrecortadas. Soy yo y es el lugar cualquiera (la piedra y la sombra) sin tus huellas y tu hombro sin mi brazo. Es la otra tienda que te había gustado y que sospecho sabe que no estás, porque está cerrada. Es la parte de tí (¿el olor, quizás?), el recuerdo que cada cosa del mundo se guarda de tí. Es tu ausencia, el sitio en el que has estado (éste), que le prueba a uno la existencia del corazón, como viento que advierte porque se mecen las ramas.
No es sólo la gente que pasa, ni soy yo. Eres tú, cuando no hay sospecha en tus imaginarios ojos de cuánto se te extraña.
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Divagaciones
27 abr 2012
La canción de fondo
Sonando bajito en
repetidas ocasiones, me trajo consigo las noches en vela, de soledad iterada
hasta la madrugada, que hoy son tiempo que se ha quedado atrás. Recuerdos de soledad corriendo alguna calle en algún barrio
a las 5 de la mañana, soledad en la azotea del departamento en el que vivía
Ulises, Rubén solitario atento a la luna a la puerta de una casa con techo de
lámina… soledad compartida con la rotweiler en el cuarto de servicio de la casa
de mi tía o en el techo de doña Ernestina, en las habitaciones en obra negra de
la casa en la colonia Hidalgo o en las calles del bajo Santo Domingo, de noche,
recién había llovido. Soledad, doña soledad, en la ventana de mi cuarto de Copilco,
abatido por un trabajo que no quería seguir haciendo. Llanto desconsolado en una casa oscura porque no se me permitió seguir en la universidad un sueño o la certeza de que dejaría de asistir a Ciudad Universitaria mientras daban, de madrugada, las seis. Soledad como dolor de estómago, como sabor de pan, soledad una noche alta con varicela en
que la calentura cedió y me posé a la ventana de la calle, enfermo,
tremendamente sólo, estúpidamente libre. Una parte de mi vida, días en su
mayoría tristes, otros en paz, todos a solas… en la Ciudad de México.
¡Cuánto tiempo ha
pasado!, ¡cómo es que ahora estoy aquí! El pensamiento se abstrae de sí mismo,
como perro loco guardián: se desconoce… y me hace caminar los empedrados de
todos los días en esta ciudad chiquita, los de mi calle (tu calle, mi cielo) como si fuera la primera
vez.
Ésta, la
confesión de hoy: hace mucho tiempo que no despertaba, como ahora, de madrugada,
recobrando rápidamente la vigila, la lucidez de los ojos abiertos, su extravío en la oscuridad, sintiendo
extrañamiento de las formas que tienen mis objetos (las mesas y los libros, los
papeles y la ropa) en la tenue luz de los faroles, desde mi cama, de madrugada,
creyendo que son de otro que no soy yo en ese instante, del otro yo para el que soy
desconocido.
Estos pensamientos me levantaron a escribir. Hoy, despertar de frío que no es de noche ni de
mañana, estuve a punto de sentir tristeza, una buena dosis de melancolía, quizás compasión, como
las noches en la gran ciudad. La maldita canción de fondo. Pero, pese a que la
música de Ennio Morricone me destapó baúles, no he sentido
pesar (el tiempo, me deleito en pensar, le habrá hecho trizas). Y estoy igual
de sólo… y he vuelto a mirar las formas grises de las cosas… y es como si mi mente
supiera, tan sólo, que hubo tiempo triste atrás, fuego que me quemó para
purificar pero que se ha apagado. Advierto el tiempo mío y a solas que se quedó allá, que le dio significado a lugares que ahora nada son sin mí. Ya no siento ninguna tristeza, ningún sentimiento negativo. Por tanto, no deseo decir, sobre ello, nada más.
Al contrario, me alegro, me
siento agradecido… con la vida y con mi propio trabajo, con mis padres y los muchos y oportunos (muy oportunos) amigos. Me siento en deuda. Porque no siempre surge en la vida una segunda oportunidad…
y yo, con trabajo y sin enfermedad, puedo decir en verdad: yo la tengo.
10 abr 2012
Déjà Vu
Anoche tuve un sueño que hoy no recuerdo del todo. Frente a esta mesa, junto a ese café al que le he dado solamente un sorbo, recuerdo que en el sueño había una mujer a quien no le vi el rostro, pero a quien le conocí la silueta, el cabello y la piel. La vigilia me trajo la lucidez que me hacía falta y supe que las imágenes locales de esa mujer eran más bien recuerdos. Mi mente pasaba frente a mí, a ojos cerrados para verme hacia adentro, una grabación: yo había visto antes esa silueta, ese cuello, esa piel. Desperté teniendo la completa certeza de que eras tú. Anoche te soñé.
No es casualidad, por tanto, que el mundo que desfila por esta ventana, entre a mí y se me presente, ¿me da permiso?, adelante, gracias, en cada caso como un recuerdo tuyo. En la banqueta se reía una muchacha y yo echaba mano de tus dientes juntos y el modo en que tiemblas cuando te ríes. Una mujer joven de la mano de su novio cruzaba la calle y el pensamiento se me fue en tropel a la puerta de tu casa, porque andaban allí, en ese instante, tu andar seguro y tus zapatos cafés-grisáceos. Los retazos de conversaciones de los asistentes a este café me apartaron la mente de allí y volteé hacia la izquierda: la mesa en la que cruzamos palabra por segunda vez… el número en la servilleta.
Dos muchachas muy alegres en el desfile y se me desató la curiosidad: seguramente cada una de ellas tiene alguien que las ve con el cariño con el que yo te veo a ti. Alguien ha de amarles los gestos y ha de guardarles en la memoria como yo te llevo a ti. Una persona más (yo), al menos, ha de pensar en aquél que las quiere.
¿Quién extraña a su mujer y habla de nosotros cuando vamos juntos por la calle?
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Divagaciones
6 mar 2012
El bote pateado
Puede jugarse entre varias personas, aunque es aconsejable que se juegue entre 2. Siendo dos personas, por supuesto que cada una posee una vida.
Vaya, ¿qué puedo decirle? Se nace al patear el bote y los dos corren a un sitio distinto. Una infancia feliz, mango pegajoso en los cachetes, patinetas, mascotas, ranas en el bolsillo, anillos supersónicos, un mar intempestuoso en el que se huye de los tiburones (y que los mayores llaman 'el patio de la casa'), tardes de papalotes o globos aerostáticos, un golpe en la bicicleta... y así, corriendo: la secundaria, la preparatoria, la universidad. Cada quién tiene su vida.
Dicen que el juego es bastante curioso cuando uno se oculta del otro: ninguno de los dos sabe de la vida del otro, ni de gustos, vivencias, sufrimientos, alegrías ni apellidos. No toman sentido, mientras se ocultan, el nombre y la forma de sus piernas. No la forma del rostro, ni el color del cabello. Nada. Juegan a ocultarse. El juego se torna interesante cuando uno es hombre y el otro mujer. En fin... Mientras se ocultan, uno se busca al otro, sin saberlo... y termina cuando uno le besa a la muchacha los labios por vez primera y le dice: ¡te encontré!
Vaya, ¿qué puedo decirle? Se nace al patear el bote y los dos corren a un sitio distinto. Una infancia feliz, mango pegajoso en los cachetes, patinetas, mascotas, ranas en el bolsillo, anillos supersónicos, un mar intempestuoso en el que se huye de los tiburones (y que los mayores llaman 'el patio de la casa'), tardes de papalotes o globos aerostáticos, un golpe en la bicicleta... y así, corriendo: la secundaria, la preparatoria, la universidad. Cada quién tiene su vida.
Dicen que el juego es bastante curioso cuando uno se oculta del otro: ninguno de los dos sabe de la vida del otro, ni de gustos, vivencias, sufrimientos, alegrías ni apellidos. No toman sentido, mientras se ocultan, el nombre y la forma de sus piernas. No la forma del rostro, ni el color del cabello. Nada. Juegan a ocultarse. El juego se torna interesante cuando uno es hombre y el otro mujer. En fin... Mientras se ocultan, uno se busca al otro, sin saberlo... y termina cuando uno le besa a la muchacha los labios por vez primera y le dice: ¡te encontré!
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Patrañas: don Diablo
19 feb 2012
El hombre intangible
Aparece muy de mañana, antes incluso del dinosaurio que sigue estando allí después del sueño de los niños. Hombre sin ojos, te observa. Se acerca a mirarte: tú en la cocina o en la sala, cruzando el patio o la habitación de tu madre, tú en la puerta de tu casa o apagando la luz desde tu cómodo (como no podría serlo otro) colchón. Se está quieto y te espera, te busca sigiloso, en silencio, se detiene cuando te halla. Lo llevas con él, estoy seguro, y se queda contigo mientras te vistes, maldito sea, mientras una gota de agua tibia recorre delicadamente tu cuerpo.
La certeza tengo de que mira a tu hermano subir por las escaleras y se pone a girar, y se aparta, al instante en que él te abraza. Y no sabes de él (no te importa, no quieres), pero no se va aunque cierres la puerta, te desnudes y te estés, libro en mano, entre las cobijas.
Sabe, porque escucha, hombre sin orejas, de tu lenguaje. Conoce los cambios de tu voz y las palabras que has creído sólo tuyas, cuando te ves mujer en soledad, entre los muros que todo han visto de ti, ante el espejo o entre lágrimas. Sabe más de tu vida que tu madre, desgraciado, sin necesidad de hurgar en tu luz por las rendijas de la ventana... A través de ella le has dejado pasar ahora que duermes, ahora que no piensas en él, ni en mí, ni en tu nombre siquiera.
Ser misterioso detrás de ti, dejó para después tu cara. Prefirió cada vez un reflejo de tu intimidad en el cristal mientras te cepillabas. Hombre invisible sin manos, te toca. Te lleva cada parte del preciado cuerpo a la carne de sus labios, sonríe de tu ignorancia de él cuando lo has dejado en tu boca y te levanta los cabellos a placer, en el sillón, en la silla o en la almohada. ¡Embustero!, no sabe mentir, no me engaña: enamorado vive de ti, si es que late su incoloro corazón, como no podría estarlo de otra forma. Días y horas ha sufrido por ser siquiera otro padre para ti, otro hermano, una mascota. De flor inodora aroma tu casa, perfume imaginario, me ha hecho creer que piensa en tu nariz... En sus pulmones te hospeda, yo sé que te respira.
Sin conocerle nunca el rostro, hombre sin cara, te sigue por el camino. Ser sin cabeza, piensa: su desdicha es no poseerte, no ser capaz, y el muy maldito llora... Inquieto, angustioso o desesperado, te levanta la falda. Y te alejas de él en verano, su dolor te hace infeliz, llovizna que desgaja ramas y hojas. Con ternura yo quisiera haberte visto, las veces que no puedes escapártele... y deposita en tu cuerpo sus lágrimas.
Hay noches en que se queda dormido a un lado tuyo, le he pedido la quietud de las cosas para no despertarte. Trabaja en no hacer ruido y despierta sin tu calor por las mañanas. Necesidad de tu alma grande, tu preciosísima humanidad, te busca. Te persigue hasta mis brazos cuando tengo la dicha de ti y, colérico, lanza lejos de tu mesa los papeles, porque me odia.
¿Yo? Te quiero tanto, no soy insensible. Siento celos de él, le tengo envidia. No poder ser como él me enferma: ah, quién fuera el aire que sabe todo de ti, el aire que desde niña te ha visto en tu casa.
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Invenciones
18 feb 2012
La naturaleza de todo esto
Los he visto muy de cerca. ¿Qué podría decirle una persona como yo?, ¿desdoblar el catálogo de todo lo que he pensado?, ¿mostrarle el crisol en el que tengo todas mis conclusiones? Es muy largo de contar y la imagen que el lector esté haciéndose de usted y yo en esta banca de madera, esta día soleado y lleno de hojas blancas de febrero, este maravilloso "cinco de la tarde" y su viento indisciplinado, puede no ser una imagen muy detallada (no muy larga en tiempo, quiero decir), quizás una especie de óleo o acuarela.
Debo ser breve entonces, aventar las palabras al cuadro en el que usted y yo somos dos siluetas, para que el ojo que nos pase encima la lengua se haga una idea de un sólo vistazo. Tan sólo éso.
¿Sabe?, los he visto muy de cerca, y todo esto es como si él la tuviera lejos y luchara por asirla, como si para ella fuese él un animal peludo de dientes afilados que puede morder. Le he visto, al hombre, pararse a la puerta de su casa, contemplar el inicio del sol en las puntas de las plantas, llenísima la nariz del olor a barro, tierra mojada, que le impregna cada fibra del corazón y le cura de tajo las heridas y... ¿Cómo? Sí, claro, el viento húmedo que deja la lluvia en su huida es benéfico para la salud del corazón.
¿Cuál fue el problema? Supongo que el temor de ella hacia a él, el temor de él hacia ella, quizás le ha dejado tristeza en las entrañas. No poder ser (aún, aún, aún), ¿cómo decirlo en palabras llanas?... el amor de su vida. Ajá, puede que tenga usted razón, es muy pronto, pese a que ella siempre está con él, él tiene la certeza de ser llevado con ella, se llevan mutuamente en el pensamiento, en los respectivos corazones éstos que tanto tiñen de rojo los cuerpos a contraluz. Sí, en éso acierta usted, la mirada de este hombre hacia el paisaje de la puerta de su casa no era de aflicción, no de desconsuelo ni desesperanza. Era otra cosa: ¿melancolía?, sí, quizás, pero es hombre de mucha fe en lo que hace, porque trae un porte que dice: la traigo a ella... en el pensamiento, sí, allí donde él es el único soberano. ¿Y sabe qué?, la quiere, con toda su alma, pronuncia su nombre cuando está a solas. El amor puede significar muchas cosas, nada más subjetivo que el amor, pero para él también es optimismo y alegría. ¿Para ella?, ella es más fuerte que él, para ella es felicidad. La mujer, mi estimado, lo dicen hasta los poetas que tanto se alejan de la realidad, siempre es más grande, en cada caso de algún modo, es decir, de cualquier modo.
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Sin temor a equivocarme
5 feb 2012
Repeticiones (de un muchacho cualquiera)
No importa las veces que rebobines la cinta en que hemos grabado el tiempo, lo nuestro es como un punto atractor en el diagrama de fases de nuestras historias; tarde o temprano, más temprano que tarde, yo estaría contigo.
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28 ene 2012
Redimir
Sin aludir a la religión, ésa es la palabra: liberarse uno mismo de sus propias ataduras, quitarse el peso de los hombros, abandonarse en su propio extravío sin preocupación alguna.
Re-di-mir-se
Salvarse a sí mismo (finalidad en sí misma) y aceptar el precio, como es debido, por abrirse a uno mismo (esclavo uno, de sí) su propia celda.
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8 dic 2011
Yo quiero vivir
Caminar sin mi carga, sin temores, sin miedos... fuerza en los brazos, estirar las piernas, ímpetu de viento en la cara. ¡Vivencias de narración extraordinaria! Viaje, apertura de los ojos, historias qué contar. Libre, de libertad, de pensamiento sin cuerpo (como la imaginación de las cinco de la mañana entre la vigilia y el sueño, sin el pesar del cuerpo). Vivir, de largo y de mucho, de lleno el corazón y de bastante, abarrotado de libros las repisas de los recuerdos, puestos en dos filas. Andar uno a pie su propio extravío por el mundo, llenas de lodo las botas y frías las mejillas, grandes los bosques y los árboles, en la niebla.
Me quiero libre, en soledad, lejos, conmigo mismo... santo (tan santo) que es uno teniéndose a sí mismo como para no redimirse.
25 nov 2011
Hablando de tí junto a tí*
Una cosa es el recuerdo, el pensarte continuamente, dejando el cerebro forma de nuez a sus anchas. Otra muy distinta (mejor aún) es respirarte los cabellos haciéndome cosquillas. Uno cree que no puede haber cosa mejor. Pero la vida tiene sorpresas: ¿por qué no podían estar juntas, como dos libros de historia, una cosa de la otra?, ¿por qué no pensar en tí junto a tí?
De momento y con esta desesperación (necesidad de asirte en lo intangible y lo que se puede tocar), no se me ocurre de qué otro modo decirte (convencerte) de que también te quiero.
Esto es como tener al girasol, a la realidad de girasol, a Pessoa, el amor y su poema, juntos, pegados todos como estampitas en la misma página de mi álbum.
*Se publica y no se deja en el tintero únicamente para honrar mis sentimientos. Nada más.
*Se publica y no se deja en el tintero únicamente para honrar mis sentimientos. Nada más.
12 nov 2011
El Señor Unidimensional
Sí, de dimensión ¡uno! Uno, de único, de pájaro en un cielo sin nubes, ni lluvia ni nada más que sus alas, de insecto en la tina del agua cristalina de mi casa, gotita de café nadando en la hoja en blanco. Único, como la pupila de cada ojo, como la cantidad de corazones en el pecho, como yo este fin de semana. Único como la soledad, único de uno, del número de ese 'algo' que se le puede medir a este señor: el tiempo. Así le dibujan mal con gis, de izquierda a derecha, 'línea del tiempo', figura ideal, porque es sólo unidimensional, el ancho de la línea de tiza estropea su nombre, la idea, pero le fotografía y así se le señala.
"Tiempo: del latín 'tempus', masculino, duración de las cosas sujetas a mudanza".
Y uno, equipado con pies de andariego, mudándose, moviéndose... Por lo tanto, uno (yo, el que escribe, usted, el que lee) no tiene otro remedio que ir hacia atrás o hacia adelante, lo que produce pesar, lo que a ratos espanta. Filósofo, poeta o matemático... físico, historiador o carpintero: todos víctimas de la incertidumbre con el tiempo. ¿No será su linealidad una manía nuestra, colectiva? ¿Por qué no meterlo a la prensa y aplastarlo... y ensancharlo?, ¿qué demonios nos impide medirle ancho, largo y profundidad... y llenar una maleta con tiempo? Confórmese, retorcer su línea y pasar dos veces, en tiempos distintos, por el mismo camino, ya es un lujo de la nostalgia. Y si es una idea, ¿por qué su creador se quedó tan corto con el desborde de su imaginación?
(Le digo un secreto: es por pensarme como equilibrista sobre el hilo del tiempo que me inquieto, iniciando la lectura de mis libros en el capítulo dos).
El tiempo ha de ser como la muerte: se palpa, se sabe que existe... quizás se inventa... pero al ser de todos, le pido, no muestre este texto a este señor... se ofendería de saber que hablo de él, sin conocerle. Y le temo, porque vivo en su casa (mi vida está llena de él), porque sabe sanar heridas, imparte justicia de cuando en vez, pero también corroe los pórticos, por más soberbios que sean, y pudre las hojas. Le temo, porque el reloj es su sirviente... y mi fiel carcelero.
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