Cuaderno de sentimientos diabólicos
varios, propios y ajenos,
en este constante pedalear por la vida...



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11 may 2014

Falta de imaginación


Mi pensamiento te persigue, viaja al lado tuyo, te habla al oído, flota en el viento alrededor de ti... Menudo pájaro veloz, omnipresente. Te observa en mi vigilia y se duerme junto conmigo. No te sueña, te observa con mis ojos cuando los cierro.

Me ha de hacer falta la imaginación (ninguna imaginación ha de ser suficiente), porque cuando mi corazón te siente (todo el tiempo), no te imagino, te pienso. Voy creando la carretera, los paisajes, los pasos hacia tu casa o el sol, a veces con detalles... pero a ti no te imagino: ¡cómo podría yo a ti, con todo lo hermosa-real que tú eres, crearte! No se puede soñar a otra tú, no pueden repetirte.

Inclino la cabeza, pues, ante la grandeza de tu realidad. Eres como el sol de las 5 de la tarde, en el que suelto mi ave para que se pierda en ella al perderse en ti.

4 may 2014

Instrucciones para adivinar el futuro


Arguya algún plan para llevar a su mujer al dormitorio. Bésela cariñosamente. Trátela con cuidado, que aunque fuerte, es frágil y en ello también radica su belleza. Abrazos mediante, condúzcala a la orilla de la cama, guíe su mano hasta que ella se siente sobre la cama. Aleje sus largos cabellos de su espalda para no tirar de ellos cuando la acueste suavemente. Sonríale, contémplele la luz en los ojos (los ojos claros de su mujer, las pestañas enormes en las que piensa, cuando las ve, que podría colgarse).

Sin que lo adivine, retire de su abdomen la ropa, descúbrale la piel alrededor del ombligo sin desnudarle. Bese su vientre, acarícielo, sople la superficie y ponga sobre de ella su oreja, el sentido del oído. Cierre los ojos... y escuche. Recostado sobre la cama, junto a ella, la cabeza sobre su vientre, escuche. Sólo escuche.

Las voces de sus hijos, que también son los de ella, germen del amor y toda la fe, no tardarán en llegar. Hable con ellos, pregúnteles. ¿Qué les depara el futuro?

Vuélvase a sí mismo y piense, piense en lo que le han dicho sus hijos. ¿Algo no está tan bien? Entonces reconstrúyase, para usted, con usted, junto a su mujer, con ella y para ella. Permítase una pausa en su vida y escuche el vientre de su mujer. Escúchelo de verdad y piense. Eche mano de todo su amor y actúe.

Es fácil adivinar el futuro.

25 abr 2014

Actitud positiva


Te quiero como 58 mil toneladas, como 25 navíos cargados en altamar, como 19 eras geológicas y 84 platillos gigantes de marcianos (platillos voladores)... Te quiero 48 Cíclopes, 99 eternidades de Borges, 74 paraísos de Dante, 39 legiones romanas, un millón de vueltas al mundo, el agua de doce océanos Atlánticos, tres árboles del Tule vistos por una hormiga, el brillo conjunto de 68 soles, el ruido de 29 mil trompetas al unísono... 

Te quiero tanto que mi corazón no alcanza... y te doy las buenas noches... así... como luego soy (ya ves), un exagerado.

23 abr 2014

Las Indias


Hay algún lugar en el que soy lo que quiero ser; un sitio y el tiempo (un sitio en el tiempo, también cabe aquí esa combinación de palabras). El amor que hace falta, la esposa amorosa; el color de los libros propios (los que ya he escrito), el polvo en el título de doctorado que tengo en casa en ese instante, la biblioteca a media luz en la que me siento a trabajar y en la que entra a jugar mi hija conmigo. 

Cuando estoy allí, a ratos, recuerdo el esfuerzo que ha costado, lo orgulloso que me siento, contemplo el cansancio en los músculos de la espalda, el del trabajo. Ya tengo otras aspiraciones en la cabeza, ya miro más adelante en ese sitio en el que quiero estar, sigo creciendo, sigo pensando en grande. 

Yo sé que existe ese lugar, yo lo sé. Voy descubriendo, viajando por el Atlántico dentro de mí, las nuevas Indias. Nadie viene a decirme lo que no puedo hacer, yo voy inventando América. Hoy sólo estoy a medio mar, siendo paciente, trabajando... para llegar. 

2 mar 2014

La ausencia de Luz


2.03.2014
5.35 hrs.

No hay luz en mi cuadra y el diablo se pasea por las ventanas. Tienta a las muchachas, a los jóvenes, a todo aquél que en este pueblo "bicicletero" dice tener moral el día sábado, va a emborracharse a la fiesta en el salón de la esquina e irá a misa hoy domingo. (Hoy, porque ya dan las 5 de la mañana)


El diablo en la oscuridad, viendo la calle apenas iluminada por las lámparas de las habitaciones de enfrente, en que quizás se desviste, para dormir después de bailar, una muchacha.

No sabe de Dios, ni de fulgores sin placer, no se encamina a una salvación: es el demonio, es dueño de sí, es real. Mítico animal del medioevo el que ronda mi casa, la noche del día primero del mes de marzo, mes en que saldrá el sol y su despeinado rayo, a partir de unas horas.

Me alegra la oscuridad, con Luz, con la intuición de Luz (nombre y suceso, materia y acción). No me interesa el diablo por calle La Paz, ni lo que haga con nadie allá afuera. Me interesa O., "la que ayuda", la que hoy me llena, porque me ha mandado, enviado, besos. Hoy tengo los besos de O. Hoy tengo luz, pese a la negra calle, en mi cuarto.

Y soy más feliz, muy feliz, más alegre que el propio Diablo. 

16 oct 2013

Cinismo


Me gustan los miércoles. El trabajo me recibe más tarde, despierto habiendo dormido mejor y el café desde temprano sabe a un "esta mañana es mía"... puedo estudiar. Salgo a la tienda y no se ven los ataúdes de la funeraria de al lado, porque no abren. Tampoco trabajan en el negocio de vísceras, no tengo que aguantarme la respiración al pasar, ni espantarme las moscas... Los miércoles no fumo ni me quedo dormido en el escritorio, sinceramente. 

Me siento alegre en el ombligo de la semana, como le gusta decir a mi madre. Los miércoles ni siquiera pienso en tí.


22 sept 2013

Cielo de otoño para un papalote

Hoy inicia el otoño, la estación del año más hermosa. Cielos grises, hojas secas de colores, meciéndose en sus ramas o perdidas al viento... matices variados en las calles, las plazas, los edificios, jardines, las terrazas... Y tengo mucho qué contar, imágenes qué evocar: la avenida San Fernando, mi soledad y el café en el Centro de Tlalpan, los libros de Miguel Ángel de Quevedo, el fútbol de la infancia en los campos de Sarabia, los días de campo con papá en Tenam, las comidas en el pasto de Ciudad Universitaria, un "te quiero" en las hojas bicolores de los árboles al entrar a la Facultad de Ciencias, el viento fuerte en el barrio La Cueva en Comitán, el llano de Nicalococ y los paseos con mi hermano, la Herradura antes de que se poblara... el último y enorme papalote que llevé a volar con un batallón de niños en La Candelaria... La avenida 5 de Mayo (ah, ese café con leche), el brazo de mujer con el que quise recorrerla y que nunca llegó... El callejón El Tecolote y su olor a vida nueva. La Colonia Hidalgo, mi casa de detrás de El Bosque, la piedra volcánica, los caminos largos, las hojas de colores. Las hojas de colores. El viento y las hojas de colores. 

Siempre ha venido hacia mí el otoño con algo nuevo, con algo bueno. Siempre me ha querido este sonriente otoño. Hoy inicia uno nuevo.

Bienvenido, otoño de mis 28 años. Te abro la puerta como cuando llegaba a casa mi abuela, con la misma alegría, las inquietudes de siempre: ¡quién sabe desde donde has venido?, ¡mira cómo te ves!, ¿sientes tú esos tus olores? Déjame notar lo que traes de distinto. ¿Traes algo para mí, precioso otoño?, ¿harás llover como tanto nos gusta? ¿Qué me vas a regalar en octubre?, ¿qué cosas sencillas y bellas dejarás, esta vez, en mi vida? 

¿Con qué cosas buenas me ayudarás a comenzar otra vez? Siéntate aquí conmigo, vamos a ver el agua y sus gotas aplastadas en la ventana... vamos a beber chocolate, vamos a beber café. ¿Quieres? Vamos a caminar, que se pongan a crujir bajo nuestros pasos las hojas que tiraste. Vamos a respirar el color, a cerrar los ojos y a dejarse ir.

Particularmente hoy, que amanecí con ganas de ser feliz, te digo (me digo): ¡qué bueno que ya llegaste!  

11 sept 2013

Me gustan mis ojeras

El leve color azul bajo mis ojos. Me digo: aprendo a trabajar, me renuevo. Otra vez estoy siendo yo, me gano a mí mismo mucho terreno. Otra vez los sonidos de la oscuridad: el viento por las ventanas, la gotera en el baño, el café azucarado en mi tacita humeante. Estoy de buen ánimo.

Nunca imaginé la vida así, hay mucho en ella que me gusta (no todo, no siempre me conformo). Los objetivos son claros, pero la vida es quien va dictando el método. La vida que se impone, la realidad que siempre nos manda. Quizás esté más abierta la mente.

A paso firme, viaje a pie, el del filósofo. Uno le debe mucho a su oficio como para no procurarle.

26 ago 2013

Carta responsiva

El hombre está dispuesto siempre a negar 
todo aquello que no comprende.

Blaise Pascal


Apuntes escritos de un tirón.

Quise mezclar en un solo lugar varias cosas. Una fue mi pensamiento, quitándomelo de encima como camisa mojada que produce frío... en su virtud de la razón de algunos pesares. Otra fue el recordar mi niñez, esas imágenes que hace muchos años no volvían a mí, como causa de leer una autobiografía de Pamuk, en la que describe sus barrios, casas y calles, de sus edades tempranas. La tercera fue una amalgama de las primeras dos: yo, un niño, sentado en el suelo de la sala de su casa, desenredando la serie de luces de navidad, desenredando tu recuerdo, mujer, lo caótico, vil, humillante, maravilloso, increíble y extremista de "lo nuestro" (si alguna vez fue tal cosa). Se llame como se llame lo que me quedó entre manos... ahora que he vuelto a destaparlo, que he vuelto a sacarlo de donde lo dejé. Sentí que ya era tiempo. 

Escribí, entre tanto, un párrafo que me gustó:

"Me dicen siempre que uno no debe mostrar debilidad ante lo que le causa picazón, que hasta en los manuales de las buenas costumbres se menciona que siquiera hablar de tal o cual asunto es darle a éste cierta importancia, cuando el arma que se quiere mostrar es la de la indiferencia. Dicen que poner en la mesa del café lo que siento (sentía) por tí, si acaso ello llega a tus oídos, es darte poder, que no autoridad, si un efecto de tu voluntad sobre mí. Pero si de voluntad debe hablarse, pongo de manifiesto la mía: esas actitudes de guerra siempre me parecieron un privilegiar las apariencias a la sinceridad. En ese sentido, pueden irse mucho a la mierda: yo siempre he sido un hombre sincero."

Y fue todo lo que pude rescatar. Quería hacer una carta responsiva: ¿de qué fuiste responsable, de qué lo fuí yo? La ocurrencia me hizo feliz y me senté a escribirla. Por ello la rimbombante epígrafe. 

Pero me quedé a medio camino. No sentí necesidad de seguir: el trabajo, de este lado de la cerca, está hecho. La razón era volcar en una sola carta el bagazo de todo este asunto, quitarlo de mi alma, deshacerme de él, como con todas las cosas materiales tuyas en mi casa. El caso es que ya nada encontré. Me dije, pensé para mí: algo he de estar haciendo bien. Me sentí aliviado, me sentí en paz. Porque no es pecar de soberbia con la cita de Pascal, pero siento que no tengo que negar nada de este asunto, porque lo comprendo todo.

El tiempo, vía de tren sobre la que uno coloca la autoridad de las distintas realidades que va uno viviendo, dirá después si en algo me equivoco, como lo ha hecho siempre en todas las demás situaciones de la vida. Pero al día de hoy he tomado mis decisiones. Al día de hoy he hecho todo del mejor modo posible, como lo ha dictado mi sentido de lo correcto, como exige mi bienestar personal, el tuyo y el de los demás involucrados... como lo siente mi corazón.

Queda muy bien, pues, la cita de mis propias palabras (éso es gracioso): las convenciones sociales pueden irse mucho al carajo. Aquí mi conciencia manda... precisamente hacerle caso es ser sincero, es no mentirse a sí mismo. Y yo aquí he terminado... y yo aquí estoy en paz. Quiero seguir adelante.

No hay nada más qué decir. No tengo más qué decir.

12 feb 2013

Las buenas lenguas

Un beso sobre mis ojos para secarles las lágrimas: yo quiero verte feliz. Porque dicen las buenas lenguas (las que le tambalean a uno con buenas palabras) que quien merece tus lágrimas no te hace llorar.

27 abr 2012

La canción de fondo


Sonando bajito en repetidas ocasiones, me trajo consigo las noches en vela, de soledad iterada hasta la madrugada, que hoy son tiempo que se ha quedado atrás. Recuerdos de soledad corriendo alguna calle en algún barrio a las 5 de la mañana, soledad en la azotea del departamento en el que vivía Ulises, Rubén solitario atento a la luna a la puerta de una casa con techo de lámina… soledad compartida con la rotweiler en el cuarto de servicio de la casa de mi tía o en el techo de doña Ernestina, en las habitaciones en obra negra de la casa en la colonia Hidalgo o en las calles del bajo Santo Domingo, de noche, recién había llovido. Soledad, doña soledad, en la ventana de mi cuarto de Copilco, abatido por un trabajo que no quería seguir haciendo. Llanto desconsolado en una casa oscura porque no se me permitió seguir en la universidad un sueño o la certeza de que dejaría de asistir a Ciudad Universitaria mientras daban, de madrugada, las seis. Soledad como dolor de estómago, como sabor de pan, soledad una noche alta con varicela en que la calentura cedió y me posé a la ventana de la calle, enfermo, tremendamente sólo, estúpidamente libre. Una parte de mi vida, días en su mayoría tristes, otros en paz, todos a solas… en la Ciudad de México.

¡Cuánto tiempo ha pasado!, ¡cómo es que ahora estoy aquí! El pensamiento se abstrae de sí mismo, como perro loco guardián: se desconoce… y me hace caminar los empedrados de todos los días en esta ciudad chiquita, los de mi calle (tu calle, mi cielo) como si fuera la primera vez.

Ésta, la confesión de hoy: hace mucho tiempo que no despertaba, como ahora, de madrugada, recobrando rápidamente la vigila, la lucidez de los ojos abiertos, su extravío en la oscuridad, sintiendo extrañamiento de las formas que tienen mis objetos (las mesas y los libros, los papeles y la ropa) en la tenue luz de los faroles, desde mi cama, de madrugada, creyendo que son de otro que no soy yo en ese instante, del otro yo para el que soy desconocido.

Estos pensamientos me levantaron a escribir. Hoy, despertar de frío que no es de noche ni de mañana, estuve a punto de sentir tristeza, una buena dosis de melancolía, quizás compasión, como las noches en la gran ciudad. La maldita canción de fondo. Pero, pese a que la música de Ennio Morricone me destapó baúles, no he sentido pesar (el tiempo, me deleito en pensar, le habrá hecho trizas). Y estoy igual de sólo… y he vuelto a mirar las formas grises de las cosas… y es como si mi mente supiera, tan sólo, que hubo tiempo triste atrás, fuego que me quemó para purificar pero que se ha apagado. Advierto el tiempo mío y a solas que se quedó allá, que le dio significado a lugares que ahora nada son sin mí. Ya no siento ninguna tristeza, ningún sentimiento negativo. Por tanto, no deseo decir, sobre ello, nada más. 

Al contrario, me alegro, me siento agradecido… con la vida y con mi propio trabajo, con mis padres y los muchos y oportunos (muy oportunos) amigos. Me siento en deuda. Porque no siempre surge en la vida una segunda oportunidad… y yo, con trabajo y sin enfermedad, puedo decir en verdad: yo la tengo.

18 feb 2012

La naturaleza de todo esto

Los he visto muy de cerca. ¿Qué podría decirle una persona como yo?, ¿desdoblar el catálogo de todo lo que he pensado?, ¿mostrarle el crisol en el que tengo todas mis conclusiones? Es muy largo de contar y la imagen que el lector esté haciéndose de usted y yo en esta banca de madera, esta día soleado y lleno de hojas blancas de febrero, este maravilloso "cinco de la tarde" y su viento indisciplinado, puede no ser una imagen muy detallada (no muy larga en tiempo, quiero decir), quizás una especie de óleo o acuarela. 

Debo ser breve entonces, aventar las palabras al cuadro en el que usted y yo somos dos siluetas, para que el ojo que nos pase encima la lengua se haga una idea de un sólo vistazo. Tan sólo éso. 

¿Sabe?, los he visto muy de cerca, y todo esto es como si él la tuviera lejos y luchara por asirla, como si para ella fuese él un animal peludo de dientes afilados que puede morder. Le he visto, al hombre, pararse a la puerta de su casa, contemplar el inicio del sol en las puntas de las plantas, llenísima la nariz del olor a barro, tierra mojada, que le impregna cada fibra del corazón y le cura de tajo las heridas y... ¿Cómo? Sí, claro, el viento húmedo que deja la lluvia en su huida es benéfico para la salud del corazón. 

¿Cuál fue el problema? Supongo que el temor de ella hacia a él, el temor de él hacia ella, quizás le ha dejado tristeza en las entrañas. No poder ser (aún, aún, aún), ¿cómo decirlo en palabras llanas?... el amor de su vida. Ajá, puede que tenga usted razón, es muy pronto, pese a que ella siempre está con él, él tiene la certeza de ser llevado con ella, se llevan mutuamente en el pensamiento, en los respectivos corazones éstos que tanto tiñen de rojo los cuerpos a contraluz. Sí, en éso acierta usted, la mirada de este hombre hacia el paisaje de la puerta de su casa no era de aflicción, no de desconsuelo ni desesperanza. Era otra cosa: ¿melancolía?, sí, quizás, pero es hombre de mucha fe en lo que hace, porque trae un porte que dice: la traigo a ella... en el pensamiento, sí, allí donde él es el único soberano. ¿Y sabe qué?, la quiere, con toda su alma, pronuncia su nombre cuando está a solas. El amor puede significar muchas cosas, nada más subjetivo que el amor, pero para él también es optimismo y alegría. ¿Para ella?, ella es más fuerte que él, para ella es felicidad. La mujer, mi estimado, lo dicen hasta los poetas que tanto se alejan de la realidad, siempre es más grande, en cada caso de algún modo, es decir, de cualquier modo.

25 nov 2011

Hablando de tí junto a tí*

Una cosa es el recuerdo, el pensarte continuamente, dejando el cerebro forma de nuez a sus anchas. Otra muy distinta (mejor aún) es respirarte los cabellos haciéndome cosquillas. Uno cree que no puede haber cosa mejor. Pero la vida tiene sorpresas: ¿por qué no podían estar juntas, como dos libros de historia, una cosa de la otra?, ¿por qué no pensar en tí junto a tí? 

De momento y con esta desesperación (necesidad de asirte en lo intangible y lo que se puede tocar), no se me ocurre de qué otro modo decirte (convencerte) de que también te quiero. 

Esto es como tener al girasol, a la realidad de girasol, a Pessoa, el amor y su poema, juntos, pegados todos como estampitas en la misma página de mi álbum.




*Se publica y no se deja en el tintero únicamente para honrar mis sentimientos. Nada más. 

22 oct 2011

La solución

Sí, debo comenzar por el problema: ¿hacia dónde voy? Difícil cuestión si uno se refiere al destino en su propia vida (porque le cerré la ventana a los dioses, a los santos y a la política, me quedé con con mi conciencia; no tengo más que esta vida). "Somos el tiempo que nos queda", me mostró Romeo en una canción de hip-hop. Menester de mi alma saber si el camino me gusta, si estoy bien aquí. Preguntas existenciales de los 26 años... contemplación de las decisiones ya tomadas que han de dirigir a uno por su vida, situaciones en donde no puede volverse atrás. Ya no. 

Hablo de la Matemática y todo alrededor. Hablo de ser feliz con ella. Dará de comer, eso es cierto. Dará satisfacción, sentimiento de fortaleza del músculo cansado. El método (la solución) es el amor. Amor por lo que uno hace. Amar de todo ese chisme un algo, cuidarlo, alimentarlo, verlo crecer... y amasar uno mismo su amor. Amor. Amar todo eso y volverse loco, cachetear la banqueta por los números. Amarlo todo, pero amarlo bien. ¡Con entusiasmo, caray! Mantenerse, así, joven, jovial, enérgico. Hacer uno en esta vida con ello algo extraordinario. (Fíjese, mi estimado, que por ello hay necesidad de amarse a sí mismo.) 

Y vivir, vivir uno su vida, que se hace tarde.

9 oct 2011

Buenas noches

Buenas noches. Ah, no, con signos de admiración: ¡buenas noches! Hablando sólo de buenos sentimientos (los que no hacen daño a nadie), siempre da gusto dar las buenas noches. Sea de viva voz, de frente, al teléfono, de pasadita o de beso... Así se despide uno en la oscuridad, bajo una lámpara incandescente, entre dos, entre muchos, a solas. Buenas noches: el deseo de siempre otorgado con humanidad, por cortesía, ¿por educación?, porque se aprecia... o porque simplemente (o alegremente) se le desean al otro (a uno) buenas noches.

Así es que usted se ha despedido de mí: buenas noches (no es raro pensar en ello, viene cayendo desde quién sabe dónde, hoy, aquí, la noche). Buenas noches. Y yo pienso en la pequeña (pequeñita, chiquitita) ansiedad que me deja su ausencia... y coloco mi pensamiento entre los dos: señorita (desconocida y linda señorita), buenas noches.

Me voy todo el camino pensándole (uno gusta en pensarle, ya que idealizar no es bueno, no la idealizo), saboreando las deseadas, las otorgadas, buenas noches. Porque después de hallarla uno tiene buenas noches, yo quiero verle, hablarle, usar muchos verbos para nuestras acciones, conocerle mediante la palabra, robarme su brazo, señorita, observarla mientras camina, mezclar las aguas de nuestros ríos, ¿llegar juntos al mar?... transitar por aquí (por allá) a su lado, pues. Quiero hacer algo (hacerlo todo) para que me abra la puerta de su vida, templar su corazón, treparme al balcón de las imágenes que tienen sus ojos todos los días... serle de apoyo (cuando lo necesite), dejarla ser. Y después, quizás, hurgar en su pecho, anclarla en el mío, porque vaya dándose cuenta (y porque podemos, porque nos gusta construir) que ya somos más que su nombre y mi tinta con un número telefónico en una servilleta.

27 jul 2011

Tomando distancia


Así le decíamos en la primaria al modo de formarnos uno tras otro, donde cada uno de nosotros (salvo el primero) ponía la punta del dedo medio de la mano derecha sobre el hombro del niño de enfrente... y estiraba el brazo para después bajarlo. Imponíamos una sana separación entre nuestros cuerpos. Lo tengo en mente ahora que he decidido distanciarme por un tiempo, aislarme (de aquí, de otras personas, para acercarme a mí mismo).

Haré un viaje (ojalá largo) y preferiré la comodidad de la pluma y las atenciones del papel, al teclado de la computadora y esta pantalla que por las noches lastima los ojos. Lo necesito. Quiero saber si Thoreau tenía o no razón... y hasta dónde.

15 jun 2011

La imposición del sueño

Estoy muy impaciente, a un pelito de sentirme ansioso. Quiero que me digan que sí, quiero irme... Quiero que hoy, antes de regresar, llueva. Tantas son las ganas de empezar que estando yo en la Ciudad, mi mente andariega sigue estando aquí.

Pero no voy a quedarme en estas escaleras, sentado, escribiendo. Quiero el aire del centro y un café... y ya es hora, ya se encendió el farolito empotrado en la pared, arriba de mi próxima ventana.

8 jun 2011

Mucha fe

Todas mis fuerzas, mucha fe. No hay dudas, no vacilo, no me han de desconcertar los golpes que haya de por medio ni el dolor con el que tenga qué lidiar: lo quiero todo, y lo quiero ya.

Sucederá mañana.